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La fiesta de Merlín

La fiesta de Merlín

Columnas martes 16 de junio de 2026 - 06:18

Está imparable la fiesta del balompié en México, con celebraciones interminables en el Ángel de la Independencia, en bares y restaurantes a pesar de las infames ambiciones de Gianni Infantino. Definitivamente la pasión no encuentra límites en los “Fan Festival” de la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, donde los aficionados surcoreanos se han vuelto la gran curiosidad del momento.

El amor por el fútbol en este país es tan espontáneo que ya tenemos hasta una mascota legítima. Se trata de “Merlín”, un pato adorable que con el jersey de la Selección Nacional conquistó los corazones de la afición, condenando al olvido a “Ajologol”, una aberración creada por “el ingenio” de Clara Brugada; y de paso a la absoluta indiferencia a “Zayu”, un jaguar “teto” que nunca pudo representar la dignidad de México.

Pero las travesuras de la afición no quedaron ahí. “La niña futbolista” acabó con lo que quedaba de la carrera artística de Julieta Venegas, no sólo por ser un desastre atemporal: las chicas suelen jugar soccer desde hace décadas en instituciones públicas y privadas con regularidad y sin ningún tipo de restricciones, al grado que el primer mundial femenil data de 1991. De hecho, el rechazo popular frente a semejante cursilería nacional es un síntoma de algo más grande, una pequeña revuelta del consumidor sobre el marketing oficial y, para muestra, un par de ejemplos:

El primero. Los usuarios en redes sociales están fondeando sus historias con la memoria sonora del pasado: “Waka Waka”, “La copa de la Vida”, y en el caso concreto de México con la versión sinfónica de “Hasta que te conocí” interpretada por Juan Gabriel en la mítica grabación del Palacio de Bellas Artes de 1990. Tristemente “Dai, Dai” de Shakira, preparada especialmente para la Copa 2026, está entre la frialdad y la indiferencia, y es cuestión de tiempo para que permanezca en el olvido.

El segundo. De acuerdo con datos de la Cámara Nacional de Comercio en la Ciudad de México se han derramado 400 millones de pesos en el consumo de productos pirata relacionados con la fiesta del futbol. ¿Por qué las familias invertirían una pequeña fortuna en el jersey oficial, con un costo entre los $2,000 y $3,500 pesos cada uno, cuando pueden gastar entre $100 y $300 pesos por unidad?

La toma popular de la fiesta deportiva es evidente y, sin embargo, hay algo que no cuadra en todo el esquema: la ocupación hotelera en la Ciudad de México ronda el 65 por ciento según la Coparmex, muy por debajo de un fin de semana de F1 en México. La razón tiene nombre y apellido, en mi columna titulada “El AIFA, ni internacional ni mundialista”, publicada a finales de marzo pasado compartía con usted lo que sigue:


«La escena no deja de ser patética: aquellos aficionados europeos o latinoamericanos que visitaron el Estadio Azteca para el Mundial de 1970 o 1986 van a llegar a la misma infraestructura aeroportuaria de hace 56 y 40 años, respectivamente. Sólo que en esta ocasión “tuneada” por 9 mil millones de pesos que los contribuyentes jamás debimos haber erogado si México no hubiera sufrido la desgracia de habérsele atravesado un “mesías tropical” que, entre otras cosas, condenó al país al subdesarrollo cancelando el proyecto de Texcoco».


La fiesta de Merlín está más viva que nunca y, sin embargo, la política de este país, una vez más, volvió a desaprovechar una oportunidad histórica.

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/CR

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