México acapara todos los reflectores del mundo en este momento y está dando la peor imagen posible, tristemente se trata de la única que este país puede mostrar a propios y extraños en los tiempos estelares de la Cuarta Transformación: ingobernabilidad, caos en las calles por marchas y plantones, ajolotes inundados de pintura violeta para tapar las grietas provocadas por décadas de abandono en la Ciudad de México y, desde luego, la mezcla perfecta entre pobreza, inseguridad y subdesarrollo que se respira en cada rincón de esta jungla que ya no tiene los trazos de República.
El boicot de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), en esta ocasión auxiliados por madres buscadoras, normalistas, pensionados de Pemex y CFE, transportistas, campesinos, trabajadores de la salud, y hasta jueces y magistrados agraviados por la reforma al Poder Judicial; constituye en su conjunto una fotografía fidedigna del mal gobierno que padecemos, además del testimonio de la decadencia social y crisis institucional más profunda por la que ha atravesado México.
Y, sin embargo, la resistencia de la CNTE en el Centro Histórico, en el Aeropuerto Internacional “Benito Juárez” y en las inmediaciones del Estadio Azteca ya no es excepcional en este país; la disidencia magisterial únicamente ha llevado al extremo una práctica que responde a la anomalía de nuestro tiempo: la conversión de la calle en oficialía de partes de quejosos y dolientes.
Bastaría con traer a cuento mi columna “La República de la protesta”, publicada a principios de agosto de 2024, para advertir que las acciones del magisterio cuadran perfectamente con la realidad nacional:
«El contingente que marcha rumbo al Zócalo se ha convertido en una pieza de museo, reservada para corporaciones producto de rupturas sindicales de otro tiempo como la CNTE o redes cuasi delincuenciales de tráfico de influencia y extorsión como Antorcha Campesina o la misma 28 de Octubre. En razón de lo anterior los oprimidos y los indignados, bautizados durante este sexenio como “el pueblo bueno y sabio”, a falta del coraje y la solidaridad necesarios para emprender acciones de resistencia organizada, han tenido que reinventar los mecanismos tradicionales de la protesta».
«En la recta final de este sexenio el derecho legítimo a la manifestación ha sufrido una metamorfosis significativa, se está convirtiendo en un secuestro masivo en las principales autopistas de México. ¿Qué necesidad de movilizar a los indignados a las puertas de las dependencias, las únicas que pueden aliviar sus daños y perjuicios, cuando a unos pasos de sus ejidos, pueblos o rancherías, impunemente pueden retener parroquianos bloqueando carreteras por un lapso de tiempo indeterminado?»
No obstante, la novedad existe, al grado que el balón representa un parteaguas para la CNTE y para Morena pues, a partir de este jueves de fiebre futbolera, el magisterio disidente ya no podrá llamarse a sí mismo “el ejército intelectual de López Obrador”. ¿A qué instituto político en Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Guerrero, en la antesala del proceso electoral 2026-2027, la Coordinadora prestará sus nobles oficios? Porque lo cierto es, que en lo profundo del caos, estamos presenciando el quiebre del pacto corporativo del oficialismo.