Lo del gobernador de Nuevo León, Samuel García, es para no creerse.
Pese a que Monterrey también es sede mundialista, no le importó dejar descuidada la entidad y viajó a la Ciudad de México junto con su esposa, Mariana Rodríguez, para atestiguar el encuentro inaugural entre México y Sudáfrica.
En este caso particular el costo del boleto es lo de menos, destaca la frivolidad con la que un gobernante deja su cargo para ir a disfrutar de un partido de fútbol.
No necesitó viajar miles de kilómetros al extranjero para que fuera un escándalo.
Su encomienda lo obliga a permanecer 24/7 atento a las condiciones de su estado, y son válidos los viajes en busca de socios comerciales para los empresarios locales, para hermanar a Nuevo León con ciudades o entidades nacionales e internacionales, incluso en busca de generar condiciones de más inversión extranjera directa.
Es inadmisible que se den tiempo para un partido del Mundial cuando, así como ocurre a nivel nacional, en los estados hay desapariciones, violencia feminicida y expansión de grupos de la delincuencia organizada.
Es cierto que el mandatario lo advirtió con anticipación, que a partir del 11 de junio estaría en modo fiesta mundialista, así lo hizo.
Sin embargo, su aviso es inválido porque no subsana la ausencia durante horas, tiempo suficiente para que, en caso de una emergencia, simplemente no habría podido actuar con amplio margen porque no estaba en su oficina.
Hay voces que salen en su defensa alegando que recibió una invitación de parte del presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), Gianni Infantino, porque su entidad es sede, pero a diferencia de Claudia Sheinbaum, que es la presidenta, si Samuel esperaba para asistir a un partido en el estadio de Rayados, habría quedado bien con todos.
Otro político en la tribuna, Cuauhtémoc Blanco, diputado federal de Morena, hizo gala de su ya conocida frivolidad. Es señalado por presunto abuso sexual, abandona las sesiones por las cascaritas y aun así, sigue dando cátedra de cómo ignorar sus responsabilidades como representante popular.
¿Y por qué tanta presión para que Sheinbaum sí fuera?
Simple, porque es la presidenta y debió representar al Estado en la inauguración de ese evento; en cambio, estos otros personajes no tenían esa obligación para con el fútbol y sí con su gente.
CAJA NEGRA
Todavía le quedan dos partidos más a la Selección Mexicana, en Guadalajara y otro en la Ciudad de México y será un auténtico reto ver qué políticos acuden a disfrutar del juego sin importarles que antepongan sus intereses como aficionados a los de la sociedad a la que gobiernan o representan.
Por otra parte, no se entiende esa “necesidad” de exhibirse, de que todo mundo les vea, pese a que eso detonará un escándalo.