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Ideales democráticos

Ideales democráticos

Columnas viernes 21 de agosto de 2026 - 07:27

Es cierto que la democracia, como forma de gobierno, es imperfecta porque coloca en la representación pública no a los que más lo merecen, sino a quienes obtienen el respaldo del pueblo. No obstante, sus bondades radican en la libertad de participación y elección de las autoridades.

Un hombre como Daniel Ortega, cuya lucha sandinista en el siglo XX favoreció las causas sociales, hoy, enquistado en el poder junto con su esposa, Rosario Murillo —copresidenta de Nicaragua—, se pronunció por el desprecio a esa democracia.

Semanas atrás ha dicho que busca legalmente impedir que haya votaciones para que, en aras de “proteger al pueblo”, la oposición no llegue al poder y destruya su proyecto político.

Recientemente, el embajador de México en la Organización de los Estados Americanos (OEA), Alejandro Encinas, desacreditó las voces que piden una revisión de las declaraciones de Ortega y su impacto en ese país de Centroamérica, al resaltar la no intervención en las decisiones nacionales.

No se extraña como postura institucional del Gobierno Mexicano porque, desde Andrés Manuel López Obrador y ahora con Claudia Sheinbaum, han apoyado a mandatos dictatoriales o autoritarios si son de izquierda, pero reprueban a los que ejercen esas conductas políticas cuando son de derecha.

Sin embargo, sí extraña que el mensaje pronunciado en la más reciente sesión del organismo provenga de Encinas, un personaje de la izquierda mexicana que vivió en carne propia los atropellos de un régimen autoritario, el del partido hegemónico.

¿Cómo es posible que después de años de ser protagonistas de agresiones de un Estado autoritario, ahora favorezca discursivamente a uno de ese talante? ¿En realidad merece Ortega el respaldo y la pérdida de credibilidad?

No se comprende cómo es que tanta lucha por la democracia y los movimientos sociales se vaya a la basura, al respaldar a un gobierno que intenta todo para desaparecer la voluntad popular, concentrar poder y ejercer de por vida.

Nicaragua vive un momento crítico que requiere atención internacional. Es indispensable que su pueblo conserve las prerrogativas de la democracia, como es el voto popular, libre y secreto, porque, en caso contrario, dará paso a la conformación de una dictadura cruel, que primero eliminará cualquier símbolo de participación social.

Y no, no es para proteger a la gente de la oposición, es un acto antidemocrático que busca secuestrar las elecciones e impedir a la sociedad el derecho de decidir quién es su autoridad, para imponer una que convenga al régimen.

La OEA planteaba acciones para intervenir políticamente en ese país, pero México ha dado la espalda al pueblo al dar su apoyo a Ortega, porque a quién protegen es al hombre de poder, no a la gente.

Encinas es el responsable de llevar la representación mexicana al organismo y demostrar que las alianzas extraviaron el camino del progresismo y optan por manifestarse en defensa de los gobiernos que desean controlarlo todo.

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/CR

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