«Una Visa no define a una persona» Claudia Sheinbaum
“Andy” López Beltrán pudo guardar escrupuloso silencio, junto con el decoro que amerita las formas políticas, frente al hecho de que el gobierno de los Estados Unidos de América le haya revocado su Visa pero, en vez de eso, decidió optar por armar una rabieta que terminó comprometiendo la política exterior de México al solicitarle al presidente Donald Trump -a título de vástago del Jefe Máximo de la Transformación- el despido inmediato de Marco Rubio y Christopher Landau.
Más allá de la distorsionada realidad del “júnior de la 4T”; Palacio Nacional y el coro de gobernadores decidió solaparlo, dejando en claro no sólo que los privilegios y el nepotismo persisten en México, sino que la clase gobernante no es capaz de romper con “el padre” porque, en el fondo, Morena tiene una vocación autocrática perfectamente capaz de rebajar al país al status de propiedad de un solo hombre.
Y sin embargo Washington sabía perfectamente lo que hacía, y debo decir que la presidenta Claudia Sheinbaum esta vez no pasó la prueba: marcar distancia hubiera sido una medida prudente; mientras que respaldar a “Andy”, en la práctica, fue una complicidad tan incómoda como reveladora.
En mi columna publicada el pasado 5 de mayo, titulada “Rocha Moya: ¿del guinda morenista al naranja recluso?”, compartía con usted lo que sigue:
«Ante los escépticos que aseguran que “EUA no llegará tan lejos” en México, que no se les olvide que los agentes de la CIA ya entraron por Chihuahua a territorio nacional burlando al Senado de la República y al Poder Ejecutivo, y sepultando para siempre un dicho que ya no pueden pronunciar en Palacio Nacional: “coordinación sin subordinación”»
«Y, sin embargo, el dilema para la 4T ya no es “qué tan lejos”, sino ¿qué tan cerca llegará la Casa Blanca del círculo inmediato de Palenque?»
A propósito, el 4 de junio volvía sobre el mismo asunto en otra columna titulada “Y como diría Raúl Velasco, aún hay más”:
«La respuesta llegó antes de lo esperado. De lo contrario “Andy” López Beltrán, el mismo que ya se decía “chilango” y que desde el Comité Ejecutivo Nacional de Morena tenía la intención de suceder a Clara Brugada como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, no tuvo más remedio que refugiarse en las enaguas de su padre para buscar desesperadamente la protección del fuero que le otorga una diputación federal por Tabasco».
«Es un hecho. Donald Trump, en su guerra contra los cárteles mexicanos, llegará hasta lo más profundo de “La Chingada”, de eso no cabe la menor duda».
Los hechos recientes no sólo confirman nuestra proyección inicial, sino que nos llevan a formular una nueva pregunta: ¿pedirá, “una oficina sin importancia” de los Estados Unidos de América, la detención y extradición de “Andy” López Beltrán?
De otro modo, ¿por qué estaría buscando tan desesperadamente el fuero constitucional? ¿O en serio el teatro de la precampaña ilegal y anticipada es para difundir, puerta por puerta, las bondades del movimiento?