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Y vivieron felices para siempre

Y vivieron felices para siempre

Columnas jueves 10 de junio de 2021 - 00:22

¿ Por qué nos gusta creer en los finales felices? Para desgracia de nuestro pensamiento crítico, los finales a los que nos han “acostumbrado” son aquellos donde alguien más hace feliz al otro o donde el protagonista conquistó algo fuera de él, finales donde el “bien” triunfa y cumplen con nuestras expectativas. Y así esperamos que los “cierres” del libro, de la película o, (en la mente) nuestra propia historia, se desarrollen como lo teníamos planeado, pues si no sucede así, nos invade una profunda sensación de “fracaso”.

¿Dónde sale tanta mierda mental? ¿En qué momento o en dónde comenzó todo este “encajonamiento” ideológico sobre los deberías, sobre cómo tienen que cerrarse los círculos? Y, ¿realmente existirá eso de “cerrar círculos”? ¿Cómo se clasifican o qué son realmente, cómo se siente o cómo te das cuenta que ya completaste ese círculo?

¿Dónde sacamos los cómo y los deberías en el actuar de las personas; los prejuicios sociales, las creencias moralistas que nos dañan y siguen empobreciendo nuestra estructura cognitiva–conductual? ¿Cómo saber lo que es “bueno” o “malo” para nosotros o para alguien más? ¿Qué es lo que “deberíamos” esperar del otro y en base a qué? ¿Qué si es correcto y que no?

Pareciera que nuestra felicidad está volcada hacia alguien más, hacia algo más. En creencias, antropologías sociales, ideologías contextuales y culturales… ¿Y dónde queda lo que realmente cada uno quiere, desea, pulsa en su interior? ¿Cómo esfumar tanta neblina que nos pierde en el camino y nos encarcela mentalmente?

Y vivieron felices para siempre… ¿cómo se llega a eso, si la felicidad no es un estado inmutable ni conquistado? Esa frase que resuena en lo más profundo de nuestra corteza cerebral y que nació en todos los cuentos donde las princesas encuentran a su príncipe azul… pero ¿qué es la felicidad? ¿Un conformismo disfrazado de alegría que se establece en conocer a un güey con una sola mirada, un único beso, o un sapo o bestia transformados? ¡Cuánta incongruencia! pues ¿cómo sería que un solo beso te asegurara que has encontrado al amor de tu vida por siempre y para siempre?

¿De dónde sale todo esto? ¿Por qué la insistencia en dormir nuestro sentido común, nuestros instintos, nuestra naturaleza humana? Y retacarla con introyectos ajenos a nuestra esencia y confundirnos más... y sentirnos con más estrés, culpa y fracaso por NO tener ese cierre expectante. No sería más real y hasta poético el meternos hasta el tuétano la “creencia” (que sería una verdad) que para vivir feliz se tiene que buscar el compromiso, amor y aceptación hacia uno mismo… y empezar a hacer unos votos de “matrimonio” donde en lugar de aceptar a alguien más para amarlo y respetarlo… bla bla bla, lo cambiemos por un ME ACEPTO para amarme, respetarme y valorarme A MI MISMO, antes que a nadie más… y así, quizás, si se podría alcanzar el: VIVÍ FELIZ PARA “SIEMPRE”… con recaídas y con bajadas, pero con la certeza que sólo dentro de mí encontré esa “felicidad eterna”… ¿no lo crees?

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/CR

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