Un verdadero movimiento de profesionales de la Salud le ha explotado en la cara a la Cuarta Transformación. Este martes 13 de octubre, en punto de las 15:00 horas, médicos, enfermeras y personal administrativo de clínicas y hospitales públicos se organizaron para tomar las calles de 37 ciudades en 25 estados del país. Curiosamente el acontecimiento colocó al descubierto la demagogia del régimen, exhibiendo al menos un par de mentiras que lo sostienen:
México no es Dinamarca, y en honor a la verdad nunca lo será. Pero esa es una obviedad para cualquiera que haya padecido el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) realmente existente; la verdadera tragedia es que Morena ha profundizado la fase neoliberal del “desarrollo” mexicano, convirtiéndose en el heredero legítimo de los gobiernos posteriores a Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, pues sólo en aquellos años este país se permitía dejar en “nuda vida” -es decir, en desprotección absoluta- a los trabajadores en beneficio del status quo de las finanzas públicas.
Y aunque los propagandistas del régimen aún se atrevan a negar la biopolítica inherente a los sexenios de López Obrador y Claudia Sheinbaum; hoy los conmino a reflexionar sobre el contenido del pliego petitorio del personal adscrito al Seguro Social:
¿En qué resquicio del “humanismo mexicano” puede caber un 2.9 por ciento de incremento neto, directo al sueldo base de los trabajadores, cuando la inflación en México -con corte a septiembre- fue de 3.45 por ciento? Y más aún, ¿en qué espectro del “bienestar” es posible que médicos y enfermeras tengan que salir a las calles a exigir insumos y medicamentos para curar a derechohabientes que, por la insuficiencia de sus recursos, tienen la desgracia de caer en las garras del sector público?
El abandono de clínicas y hospitales es estructural y viene de lejos: México destina sólo el tres por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) al sector Salud, mientras que el promedio de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) supera los nueve puntos porcentuales.
Y esa disparidad es palpable en las calles: los consultorios privados, anexos a la estructura de las farmacias comerciales, son parte del paisaje; por no hablar del crecimiento exponencial de las torres médicas, sin duda el dato de prueba más fidedigno de la privatización forzada de los servicios de salud en México.
En suma, ¿cómo es posible que este país haya gastado casi 4 mil millones de pesos en un elefante blanco, llamado “Mega Farmacia del Bienestar” y, al mismo tiempo, no sea capaz de brindarles a los trabajadores del IMSS un 10 por ciento de incremento salarial?
No cabe duda que el neoliberalismo goza de buena salud en “los tiempos estelares” de la Cuarta Transformación en México.