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Cony Aguayo rompe estereotipos de genero al desarrollar su oficio

Cony Aguayo rompe estereotipos de genero al desarrollar su oficio

Puebla domingo 05 de marzo de 2023 - 23:19

Por Guadalupe Juárez

Concepción Aguayo García pocas veces sonríe, tiene el ceño fruncido y casi siempre se la pasada dando órdenes, las meseras se apresuran a llenar las salseras y cortar los limones, mientras ella supervisa que los troncos de carne árabe y al pastor sean colocados de manera correcta.

Ella misma toma un par de bisteces y empieza a armar el tronco de al pastor, apenas es mediodía y la Taquería Viviana, que fundó con su hermana en el Centro Histórico, ya tiene comensales ansiosos por probar esa sazón tan particular.

Hubo días, confiesa, que incluso sus clientes preferían que los atendieran los taqueros que la ayudan, porque desconfiaban que una mujer fuera la propietaria del negocio y más, si ella era la que cortaba con un par de cuchillos filosos la carne para sus tacos.

Hoy cuenta a Diario ContraRéplica Puebla cómo ha logrado incursionar en un mundo que hasta con los proveedores sólo era para hombres y hablar de su empoderamiento, le arranca una sonrisa.


¿De dónde eres?

– Pues yo nací en el estado de Veracruz en una ciudad muy pequeña que es conocida como la “ciudad de la chicatana” en Tlatelelca, Veracruz, que está muy cerca de la comunidad de donde son mis papás.
Toda esta zona es cafetalera, es la zona montañosa. Posteriormente, me voy a Xalapa y me vengo a vivir un tiempo a Puebla, tres años, al no tener como alguna forma de trabajo o sustento, me regreso a Veracruz.

No me acostumbro al calor, porque es algo que nunca me ha gustado, me regreso a Puebla, hace casi siete años, a iniciar un proyecto con mi hermana, me quedo y me empiezo a meter en todo lo que es esta onda de la gastronomía poblana.


¿En qué momento aprendes a hacer los tacos?

– Cuando yo decido regresar de Veracruz, digamos que estaba en la mejor etapa políticamente, porque me dedicaba a la política, pero encontré una parte que no me agradó, entonces dejo todo lo que hasta ese momento había logrado, me vengo a vivir a Puebla con esa idea de abrir un negocio.

Lo tomé como una aventura. Ya había visto a mi hermana trabajar. Yo no sabía lo que era el proceso de un negocio, entonces inicio desde cero. Yo no sabía más que cobrar los tacos, no sabía prepararlos, cómo se preparaba la carne, pero sí tenía como que todo el conocimiento teórico.

Cuando inicio el proceso individual, digamos, con los ahorros que yo tenía de todos esos años, abro mi taquería, empiezo con estas ideas de crear cosas diferentes, no me funcionan. Llega en este caso el temblor de hace unos años, me afecta también en la zona donde yo estaba vendiendo, viene la pandemia y un mes antes de pandemia, cierro el negocio, y dije voy a “cambiarme de ubicación y voy a iniciar nuevamente, pero en otro lugar donde haya más movimiento, donde haya más gente”.

Me vengo a trabajar con mi hermana, tuve esos dos años de aprender viendo, porque siempre he sido autodidacta, yo veo y a mi manera lo aprendo. Entonces en el momento que yo me quedé sola en mi negocio, tuve que aprender a montar un rollo, a cortar la carne, a entrarle al calor de la plancha y sobre todo, por la presión de estar sola. Aprender también a tener esta velocidad para hacer el trabajo.


¿Qué retos te has encontrado por ser mujer y ser taquera?

– Que la mayor parte de los taqueros son hombres, pero ver que mi hermana tenía esa fortaleza de hacer las cosas que por lo regular hacía un varón, ellos la empezaron a respetar por la habilidad y la agilidad que tenía para hacer los tacos. Yo inicio de la misma forma y empiezo a ver que es complicado porque sigue habiendo como que esta marca hacia las mujeres que nos minimizan, ¿no?, hasta para comprar.

Por ejemplo, lo más simple, un cuchillo y el simple hecho de que seas mujer, o sea, te quieren vender la idea que no sabes comprar o te quieren decir que esta no funciona y te quieren vender uno más caro, y eso es nada más con un simple cuchillo. Ahora te tienes que enfrentar a los demás, ir con el proveedor de la carne, con el proveedor de la tortilla, eso creo que ha sido lo más difícil como mujer, el tener que ganarme un lugar, no solo dentro de los taqueros, sino lo que está detrás de una taquería porque son los proveedores y que regularmente son hombres y creen que por el hecho de ser mujer no sé comprar o no sé elegir. Ya con el tiempo, me he ganado su respeto, ahora me dicen que soy la más exigente.


¿Cómo fue el proceso?, ¿qué pasó en el transcurso?

– Fue difícil en un principio porque como lo dices no era algo muy visto que una mujer estuviera en frente a unos rollos; regularmente siempre hemos escuchado el señor taquero y ver a una mujer que aprendiera desde montar un rollo, preparar la carne, cortar, dar el servicio, generaba un poco de conflicto.

Me tocó, por ejemplo, hay caballeros, ¿eh? Y lo tengo que decir así ahora que estamos en este marco de la celebración del Día de la Mujer, hay hombres, que ni siquiera querían que se les atendiera porque están acostumbrados que los atiendan otros hombres. Cuando ven una mujer, “mejor atiéndeme tú” (le decían a los taqueros), porque piensan que la preparación o la forma de servir los tacos no era la misma y hoy todo lo contrario. Ahora me buscan a mí, por ejemplo a mi hermana. Ver que hemos logrado conquistar lo que se veía en conquistable, me llena de orgullo, saber que las mujeres estamos escalonando lugares donde no habíamos querido llegar.


¿Cómo crees que impacte en la vida de otras mujeres ver que tú has incursionado en este tipo de negocio?

– Justo quise resaltar el trabajo de las mujeres detrás de un taco, por lo que hice una sesión fotográfica con todas las mujeres que están detrás de mí, desde las que me ayudan a lavar los trastes, a atender las mesas, quienes me ayudan con las salsas y quienes me venden los productos.

Quiero empoderar a la mujer desde su negocio, porque a veces yo creo que nos saboteamos en el hecho de creer que lo que hacemos, no tiene algún significado representativo y me gustaría darles esta oportunidad de que posen para una foto, que se sientan orgullosas de la labor, de lo que están haciendo, vendiendo fruta, vendiendo hierbas, vendiendo carne.

Algo que me dio mucha satisfacción ver cómo se empoderaron al momento de las fotografías, como disfrutaban el estar despachando, el estar vendiendo, el estar cobrando y creo que eso es lo que debemos hacer las mujeres: motivar a otras mujeres.

En efecto, en este rubro de los negocios es muy difícil, para cualquiera, pero en especial para las mujeres, porque como siempre tenemos ese miedo a dar el siguiente paso, pero poderlas empoderar desde lo más básico que es una sonrisa en una fotografía, ¡híjole, creo que fue la mayor satisfacción que puedo tener.

Cony, como le dicen sus seres queridos, esboza una gran sonrisa, mientras sostiene el par de cuchillos filosos y posa para la cámara que tiene al frente.


Foto: EsImagen

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JF/CR

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