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Coda sobre una biblioteca borgiana

Coda sobre una biblioteca borgiana

Columnas lunes 26 de octubre de 2020 - 22:37

¿No resulta tautológico decir que una biblioteca es borgiana?

¿Cuántas bibliotecas se necesitan en un municipio para que sea una ciudad?

¿Por qué la izquierda o la derecha nunca marchan para exigir que se construyan más bibliotecas públicas?

¿Alguien ha graffiteado en una marcha: “Lectores del mundo uníos”, “Tomemos las bibliotecas por asalto”, “El libro es de quien lo lee”, “El pueblo lector jamás será vencido”?

¿Por qué no desconfiamos de los pueblos que honran con estatuas a sus héroes sangrientos, pero jamás le dedican una placa al bibliotecario del pueblo?

¿Cuándo fue la última vez que una biblioteca pública de alguna ciudad cercana contó con presupuesto para comprar mes a mes las novedades bibliográficas?

¿Cuántas bibliotecas se han construido en los últimos diez años en tu ciudad preferida?

¿Por qué leer no es un derecho sino una opción una “libre elección” como la de comprar un refresco en un supermercado?

¿Has visto a tus representantes discutir sobre el presupuesto anual para bibliotecas, tomar la tribuna y desplegar pancartas porque no aumenta el presupuesto para comprar libros en las bibliotecas públicas?

¿Por qué ni siquiera los partidos políticos, que reciben varios millones de pesos al año y cuentan con recursos para formación y capacitación política, cuentan con bibliotecas?

¿Por qué Morena, que es un partido de izquierda, olvidó la tradición de formación cultural y política, a cambio de los memes predecibles y las consignas aglutinantes?

¿Por qué en los folletos se ocupa a la Biblioteca Palafoxiana para exaltar su pasado barroco, pero no existe en el período reciente ninguna gran biblioteca de la ciudad o del estado? ¿Desde cuando los sacerdotes dejaron de leer y ya sólo hacen procesiones urbi et orbi?

¿Por qué se exigen calles de concreto hidráulico y segundos pisos, pero no se añora una biblioteca de arquitectura brutalista, una biblioteca nacional como la de Buenos Aires?

¿Por qué si Puebla es una ciudad con más de cien universidades, sólo de algunas cuántas conocemos sus bibliotecas?

¿Cuál es el número mínimo de bibliotecas per cápita para que se haga realidad el derecho a la cultura y el goce del lector?

¿Por qué sólo es de interés público el mundo huachicol, la última narco-veleidad o el gazapo mordaz del político en turno?

¿Cómo se ven morir los pocos libros de las bibliotecas públicas en los anaqueles? ¿Empolvados u olvidados?

¿No es ese el destino de sus habitantes que las ignoran?

¿Por qué en una zona metropolitana de más de 2 millones de habitantes nadie puede recordar cuál fue la última biblioteca inaugurada?

¿Dónde están hoy las bibliotecas? ¿En las estadísticas de alguna Secretaría cansina u optimista? ¿En los folletos para promover el turismo? ¿En los planes de desarrollo que sólo leen los correctores de estilo y algunos tesistas?

¿Por qué se violan sistemáticamente los derechos de los lectores sin espacios públicos dignos, modernos, sin publicaciones actualizadas?

¿No es también responsabilidad del Estado, ese ogro filantrópico, fomentar la lectura adquiriendo para las bibliotecas los libros que nos harán lectores?

¿Porqué la gente “dona” sus desechos de libros, por ejemplo, los libros de contabilidad o de administración, a las bibliotecas públicas?

¿Porqué, en pleno siglo XXI, se cree que las bibliotecas son para dar cursos de macramé o de figuritas en foami?


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/CR

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