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Bendito home office

Bendito home office

Columnas miércoles 12 de agosto de 2020 - 01:01

Desde hace muchos años, los oficinistas nunca tenían otra oportunidad en qué pensar más que en llegar a su sitio de trabajo y trabajar, trabajar y trabajar, comer, trabajar y seguir trabajando hasta irse a su hogar. Sin embargo, en pleno 2020, la dinámica obligó a todo el mundo a entrar a una nueva modalidad de trabajo: la de trabajar en casa.

Desde que tengo memoria y trabajo en periódicos nunca pensé que desde casa fuera una opción para laborar, sólo lo pensaba para los sitios web, pero nunca para impresos. No me imaginaba una sala de redacción sin gente, sin editores gritando, sin diseñadores aburridos, sin la sala de web en absoluto silencio, pero llegó la hora.

En cuanto pudimos trabajar desde casa muchos de nosotros seguimos el ritmo de la oficina, incluso muchos se adaptaron completamente desde un principio, tal como si estuviéramos desde nuestros escritorios oficinistas.

Otros tardaron un poco más, y otros más se iban a comer tres horas y regresaban solo para despedirse y no se culpa a nadie, al menos, en mi caso, soy una mujer soltera, sin hijos ni obligaciones más que la de despertar no más tarde de las 14 horas, hacerme de comer y ser feliz, pero para muchos más, trabajar desde casa es permanecer en un sitio en donde siempre tiene trabajo, trastos en el fregadero, niños que alimentar a toda hora, una pareja a la cual no haces feliz o que incluso hace daño.

Todos somos distintos, así como todos hicieron home office como pudieron, sin embargo, a todos les dio grandes lecciones. Es bendito porque muchos pudieron trasladarse a sus lugares de origen, a sus hogares de la infancia en donde creyeron que jamás hubieran podido regresar después de una vida ajetreada en la Ciudad de México, otros más deambularon como nómadas, pasando de un estado a otro, pero siempre manteniéndose conectados como lo responsables que son los adultos.

Otros más no tuvieron otra opción que seguir en los departamentos diminutos, pero aun así lograr la paz interna.

Pero lo mejor de todo esto es haber logrado romper con toda una ideología que creía que nunca sería posible, una forma de trabajar como ésta, la de permanecer en cualquier parte del mundo siendo responsable.

Definitivamente si Jorge Ibargüengoitia hubiera leído este episodio futurista del 2020 nunca lo habría creído posible, pues incluso, sus relatos de 1976 sobre la burocracia mexicana, antes de la era pandemia, seguían siendo vigentes.

Incluso, la horrible cultura de contar con “contactos” para sobresalir en una u otra rama laboral sigue bienpresente en todos lados. En fin, esperemos que esta nueva dinámica desde casa, siendo responsables y haciendo las cosas bien hablen por todos los que amamos ser nómadas, pues incluso podremos ser más productivos, educados y con mejores razones para seguir en un trabajo que te hace crecer profesionalmente.

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/CR

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