La designación de Graciela Domínguez como gobernadora interina de Sinaloa, en sustitución de Rubén Rocha Moya tras su segunda licencia indefinida, plantea un reto no sólo personal sino para la estabilidad de la Cuarta Transformación.
En el papel, su nombramiento representa la continuidad del grupo en el poder, porque previamente se desempeñó como secretaria de Educación del mismísimo Rocha Moya a quien debe lealtad política.
Sin embargo, como ocurre en la política, valores, principios y lealtades van y vienen y el mensaje de Domínguez al conocer la decisión del Congreso del Estado pone en cuestionamiento la postura que asumirá una vez que comience su labor en la gubernatura.
La mandataria manifestó que su entidad requiere “la fuerza del Estado” y que “la prioridad es la paz”, frases que parecerían trilladas en la narrativa de la mayor parte de las personalidades del poder.
No obstante, en este caso particular, podría representar una ruptura con el grupo de Rocha Moya.
¿Por qué supondría ese cambio de lealtades? ¿De qué forma Graciela Domínguez dejaría de responder a los intereses de su jefe político? Las respuestas conducen directamente a Palacio Nacional o por lo menos a la oficina del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch.
A la Presidencia de la República le interesa un cambio radical en Sinaloa, crear la narrativa de que el gobernador con licencia ya no ostenta poder y que la entidad poco a poco restablece el orden y construye la paz.
Se requiere, por una parte, por la buena relación con Estados Unidos, así que implicaría la fuerza del Estado, tal como pronunció Domínguez, a través de operativos más intensos que permitan ofrecer capos a la unión americana.
Por otra parte, no olvidemos que el proceso electoral se acerca y si bien en las encuestas Morena mantiene venta para la Cámara de Diputados y en la mayoría de las entidades en donde se renovarán gubernaturas, si persiste la mala imagen del ‘narco gobierno’, puede costar su fuerza en ciertas demarcaciones.
Así que la gobernadora interina podría ser la punta de lanza para un ajuste en la estrategia política de Sinaloa con impacto nacional, que incida en lo político y en la seguridad.
En los hechos, la forma de observar qué camino tomará, será revisando sus actos públicos y sus decisiones durante los primeros 90 días de mandato, si mantiene las cosas como ahora se habrá inclinado por la continuidad, pero si la federación figura más de lo normal y se intensifican operativos, podemos hablar de ruptura.
CAJA NEGRA
Así como pasó con Rocha Moya, el senador Enrique Inzunza apenas salió unas 30 horas y se volvió a encerrar.
Es previsible que pida licencia a su cargo, porque a diferencia de la vez anterior, se aproxima el periodo ordinario y no podrá acumular inasistencias indiscriminadamente.
Además, de asistir, alimentará el interés de la oposición de incorporar constantemente a su discurso para apalear al oficialismo y tanto golpeteo podría ser perjudicial para Morena y sus aliados.