Chumel Torres es el culpable de que abunden en las redes sociales los chistosos que se sienten muy simpáticos y hablan y hablan por horas de cualquier cosa sin que provoquen una sola risa.
Antes de que el presidente López Obrador lo hiciera famoso en la Mañanera —realizada este miércoles en Puebla—, jamás había visto algún programa suyo.
Luego de que vino la alusión, no tuve otro remedio que verlo.
Fue desastroso.
Entendí que el conflicto surgió porque el cómico en desgracia hizo un facebook live en contra de un menor de edad.
Ese menor de edad, por cierto, es hijo del presidente.
No es gracioso meterse con alguien que no puede defenderse.
La infancia es, incluso en México, un territorio que tendríamos que respetar.
No ocurre así por desgracia.
No en balde abundan los pedófilos y los chumeles.
Qué gracioso es burlarse de los niños y los adolescentes.
Qué cool es ridiculizarlos y ponerlos en una circunstancia embarazosa.
Qué divertido es hacerles bullying en las redes.
Escuché los argumentos del cómico y me quedó una sensación de asquito.
(Como dicen los de su especie).
Nada que ver con Facundo, quien sí es una comediante fuera de serie.
Chumel Torres es el rey del lugar común.
Su ignorancia en muchos temas es legendaria.
Su nivel está por debajo de Lalo el Mimo o el Caballo Rojas.
Es chistoso solamente porque hay un sector del público que ya decretó que lo es.
Jorge Ibargüengoitia fue un maestro de la ironía y de la escritura, pero jamás se denominó comediante ni nada por el estilo.
Incluso detestaba que algunos malos lectores lo consideraran “un señor muy chistoso”.
—Chistosa tu chingada madre —dijo más o menos en algún cuento memorable.
Chumel ni a chistoso llega.
Menos aún a cierto grado de comediante.
Es, simplemente, un cómico venido a menos que tiene que burlarse de los menores de edad para ganar algunas risas.
Éste es el pobre nivel que tenemos en México.
Y hay quien ya lo considera un crítico del poder.
Ufff.
Seriedad, señores.
Seriedad.
Coyotes y Gallinas. Isaí Gracida Martinez es un viejo aliado de Manuel Pozos.
Técnicamente, aúllan juntos desde hace años.
Se conocieron en Libres, cuando Gracida era suplente de la entrañable notaria Enoé González Cabrera, fallecida hace algún tiempo.
Como buen desleal, nuestro personaje incurrió en irregularidades y trabó buena relación con quien a la postre sería notario.
Notario hechizo, pero notario.
Su nombre: Manuel Pozos.
Ya convertido en titular de la Notaría 1 de Tetela de Ocampo, Gracida abrió las puertas de su oficina a Pozos para que éste acreditara sus prácticas,
cosa que ocurrió —según el periodista Salvador González Jaramillo— del 6 de febrero de 2012 al 22 de marzo de 2013, “en pleno proceso electoral en el que (Pozos) participó como candidato a diputado local”.
Una vez con la falsa patente en sus manos, el notario hechizo volvió a recurrir a Isaí Gracida para que éste volviera a aullar con él, como en los viejos tiempos.
De esta manera, a través de una filial de su notaría en la colonia La Paz, Gracida realiza lo que vulgarmente se llama “coyotaje” para favorecer al multicitado.
En consecuencia, Pozos le lleva sus clientes al notario de Tetela para que en su filial se realicen los trámites legales necesarios.
Todos ganan: los coyotes, las gallinas y sus clientes.
Qué bonito zoológico.