Hay crisis que llegan con estruendo y otras que avanzan en silencio.
El Instituto Mexicano del Seguro Social pertenece a esta segunda categoría, que es lenta y profunda en perjuicio de miles de mexicanos.
En Oro Noticias hemos recibido constantemente las quejas del auditorio respecto a los tiempos de espera de una consulta, la falta de especialistas, reprogramación de estudios o tratamientos no disponibles en farmacias.
Durante años el crecimiento de la derechohabiencia, las restricciones presupuestales, el rezago en infraestructura y la insuficiente contratación de personal médico han ido acumulando una deuda significativa.
Pero hay un punto en el que la precariedad administrativa representa la vida o la muerte de los pacientes.
Este es el caso de la señora Eloína Flores Herrera.
Desde hace seis meses fue diagnosticada con apnea severa en el IMSS de La Margarita.
Necesita un equipo que le permita mantener una adecuada respiración mientras duerme.
Sin embargo, ahora se le ha informado que el Instituto ya no cuenta con presupuesto para continuar prestando este servicio y que los propios médicos deben buscar alternativas.
De inmediato le pregunté a mi neumólogo de confianza: ¿Qué opción puede ofrecer un médico cuando el tratamiento que necesita su paciente ya no está disponible?
La respuesta fue: ninguna como tal, solo medicina para ayudar al control de peso.
La apnea severa no es un padecimiento que pueda despacharse con una recomendación burocrática. La interrupción de la respiración durante el sueño puede generar complicaciones cardiovasculares graves.
Por eso resulta particularmente preocupante que una institución responsable de proteger la salud de millones de mexicanos termine trasladando al paciente el costo de su propia insuficiencia económica, algo así como 15 mil pesos mensuales o más.
Y éste no es un caso aislado.
También es la falta de especialistas para atender problemas vasculares, entre ellos los relacionados con trombosis, dado que mi auditorio me ha reportado que no hay angiólogos disponibles. ¡Ni uno solo!
No basta con presumir cifras globales, anunciar programas o hablar de transformación del sistema de salud.
Hay que preguntar cuánto dinero llega realmente a los hospitales, qué servicios están siendo suspendidos, cuántos especialistas hacen falta, cuántos equipos están obsoletos y, sobre todo, cuántos pacientes están quedándose sin atención.
Ahora que se discutirán la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos 2027, los legisladores federales, al menos los poblanos, tendrían que salir al territorio, visitar hospitales, escuchar a la gente y comprobar si las cifras oficiales corresponden con la realidad cotidiana.
México no está cerca de resolver las enormes deficiencias de su sistema sanitario simplemente porque aumenten las pensiones o se anuncien nuevas inversiones hospitalarias.
La seguridad social no consiste únicamente en recibir una pensión al final de la vida laboral, significa poder acudir a un hospital y tener la certeza de que no recibirán una sentencia de muerte.
El presupuesto puede expresarse en millones de pesos, pero cuando esos recursos no alcanzan para atender una apnea severa, una trombosis o cualquier otro padecimiento, adquiere dimensión la gran mentira de Andrés Manuel López Obrador de que estaríamos como en Dinamarca.