«El contexto en el que comienza constituye, desde mi perspectiva, el escenario perfecto para una elección cuestionada»
Arturo Castillo, consejero del INE
El INE no es y nunca ha sido el “santo grial” del constitucionalismo mexicano. Desde su origen fue concebido como un árbitro comprometido, pues su máximo órgano de gobierno emerge de las dos terceras partes de la Cámara de Diputados, lo que quiere decir que está politizado, y que el partido mayoritario siempre ha llevado ventaja en la selección de los integrantes del Consejo General.
En consecuencia, el organismo electoral nunca ha sido verdaderamente autónomo: bastaría con recordar su desempeño en los casos de Amigos de Fox en el año 2000, Pemex Gate en 2003, durante las elecciones presidenciales del 2006, frente a la distribución de monederos por parte de Monex y Soriana en el marco de la jornada presidencial del 2012, por no hablar del triste papel desempeñado durante las Mañaneras de AMLO en plena campaña del 2024. En su conjunto se trata de escenas que muestran de manera contundente que el árbitro está muy lejos de ser el equivalente al “castillo de la pureza” de la vida electoral de México.
Sin embargo, la semana pasada arrancó anticipadamente el proceso electoral 2026-2027 y, por primera vez desde 1993, un titular de Gobernación acudió al arranque formal del mismo. La intromisión es peligrosa, al grado que el primer reclamo del Ejecutivo desde La Mañanera ya ocurrió sin el menor disimulo: el rosa, en vez del morado, debía seguir siendo el color del organismo en detrimento del proselitismo de Somos México, un partido de nueva creación que el oficialismo percibe como una amenaza real a sus intereses, en virtud de que tiene todas las posibilidades de confirmar su registro nacional a partir de 2027.
Quizá habría que recordar lo que hace un trienio aseguraba, desde la representación de la bancada del PRD, Emilio Álvarez Icaza en la llamada “herradura de la democracia”:
«Hemos sido testigos de una ilegal e inconstitucional intervención del presidente que de manera reiterada, incluso contra su propia historia, ha ejercido durante el proceso».
El reclamo parece ser un eco de lo denunciado la semana pasada por el consejero Arturo Castillo: la única voz disidente en el INE debido a que fue electo, precisamente a finales de marzo de 2023, por insaculación, es decir sin el concurso de las dos terceras partes de la Cámara de Diputados.
Ante las crecientes sospechas de la falta de imparcialidad del organismo, quizá las preguntas sean legítimas: ¿Claudia Sheinbaum estará dispuesta a repetir la historia de su antecesor?, ¿lo que quiere decir que escucharemos posicionamientos favorables de los candidatos del oficialismo desde el púlpito de Palacio Nacional?, ¿o ni siquiera será necesario porque en esta ocasión, a diferencia de hace tres o seis años, el árbitro electoral juega de local en la cancha de Morena?
Muy pronto lo confirmaremos.