El ex presidente Vicente Fox viene cometiendo una serie de pifias, desde su mandato, más de 20 años atrás, hasta ahora desde la oposición. El guanajuatense no termina de entender la situación de la política actual, ni de la mirada social a un panismo obsoleto, desactualizado e insensible.
Si nos remontamos al sexenio foxista, entre 2000 y 2006, hay que poner sobre la mesa la falta de respuesta a un asunto de relevancia: hubo alternancia más no transición política. Cambió el partido en el poder, sin embargo, se toleraron el sistema, sus vicios y las prácticas nocivas.
No se castigaron los crímenes del pasado, no con la contundencia ni la respuesta que requería la sociedad por las acciones grotescas del partido hegemónico. Fox no resultó ser un transformador, sino simplemente el gerente de la alternancia.
Más importante aún, no escuchó las reales necesidades de la sociedad, ni atendió la pobreza a fondo y, por el contrario, persisten la corrupción y la impunidad.
Y, recientemente, pese a que el mismo Fox acepta en entrevista qué errores del PAN y también del PRI favorecieron el ascenso de Andrés Manuel López Obrador, sigue tropezando con la misma piedra.
Primero, va a las oficinas del PRI y se entrevista con el impresentable de Alejandro “Alito” Moreno, un tipo señalado por presuntos actos de corrupción, un buscapleitos legislativo que además actuó con tintes autoritarios dentro de su propio partido.
Segundo, no solo al interior del PAN sino entre la sociedad que no apoya a Morena, no cayó bien la coalición del blanquiazul con el priismo, aun así, Fox insiste en que es la única salida, una mega coalición que detestan propios y extraños.
Tercero, el ex presidente olvida que la prioridad tendría que ser mirar al interior del panismo, redescubrirse como partido político y ofrecer respuestas sociales, creíbles, contundentes, para pretender siquiera recuperar un poco de credibilidad.
Si el PAN piensa en una coalición con el PRI para el 2027 será un nuevo error político.
Deben entender que concretar esa alianza es volver a conceder a la Cuarta Transformación la narrativa del fraude y corrupción a un binomio partidista al que le pueden etiquetar como “PRIAN”.
Es entendible que ir en solitario podría representar una derrota, pero es por otra parte la recuperación de sus ideas y principios, claro, si es que realmente hay una renovación del panismo como perfiló Jorge Romero meses atrás.
Si persiste la simulación, el doble discurso y el alejamiento de la sociedad, nada de lo que haga o diga les devolverá el poder en el corto plazo.
En su momento, Vicente Fox representó el símbolo de la transformación nacional, pero se quedó muy lejos de su promesa de cambio. Al paso de los años, su credibilidad es mínima y su imagen sumamente deteriorada, y la hunde más al alzar la mano de “Alito”.
Dejar en Fox la carga de construir una figura de unidad o que enarbole las posibilidades de éxito de la oposición, se orienta al fracaso.