Los resultados de la prueba PISA que evalúa las habilidades de estudiantes de 15 años, en los países integrantes de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), ubicó a México en el penúltimo sitio de 38. Es la crisis más profunda desde que se aplica este instrumento entre alumnas y alumnos mexicanos y, exhibe dramáticamente, la debilidad de la denominada Nueva Escuela Mexicana.
De acuerdo con los datos arrojados por la organización responsable de la evaluación, nuestro país obtuvo 388 puntos en Matemáticas —cuando el promedio de la OCDE es de 463—.
Esa disciplina es la que peor librada salió, porque el comportamiento es de una constante caída en la habilidad de las y los estudiantes. En 2018, al inicio del régimen de Andrés Manuel López Obrador, el puntaje de México ascendió a 409 puntos, para 2022 se redujo a 395 puntos y sigue en caída.
Además, se informó que el 70 por ciento de las y los alumnos no alcanzaron el nivel mínimo en matemáticas, lo que sin duda prende la alerta entre las instituciones educativas y las organizaciones sociales, pero parece no importar al gobierno mexicano.
La situación no es mejor en comprensión lectora ni en ciencias. En la primera se consiguieron 408 puntos y en la segunda 414.
En esos dos casos el 50 por ciento de las y los estudiantes evaluados no lograron el nivel mínimo, otra muestra del fracaso del sistema educativo nacional. Pese a los malos resultados, al menos cabe decir que en ciencias hubo un aumento de cuatro puntos en comparación con la evaluación del 2022.
Es cierto que las deficiencias ya venían de tiempo atrás; es decir, los regímenes del PRI y del PAN no cumplieron con mejorar el modelo, pese a que ya había muestras de fallas en el alumnado. No podemos olvidar el documental en el que se exhibe de cuerpo entero a la maestra, Elba Esther Gordillo y la contribución nefasta del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en el desempeño crítico de las y los mexicanos en edad escolar.
Pero no puede mirarse atrás para obtener la respuesta del fracaso que exhibe PISA. En más de siete años de Cuarta Transformación, López Obrador y Claudia Sheinbaum no han dado resultados.
Sus secretarios de educación no han mostrado suficiente interés por revertir la situación y, por el contrario, por momentos han arremetido en contra de este tipo de organizaciones por mostrar verdades que incomodan.
Estos resultados son responsabilidad de Esteban Moctezuma Barragán, Delfina Gómez Álvarez y Leticia Ramírez Amaya —del sexenio obradorista—, mientras que, del actual gobierno, recae en Mario Delgado Carrillo.
El sistema educativo mexicano carece de rumbo, de estrategia clara y sus titulares a lo largo de los últimos dos mandatos, más concentrados en sus intereses políticos-personales.
Además, perdieron el rumbo por anteponer las necesidades del grupo en el poder, es decir, usar recursos públicos como mecanismo de control o creación de clientelas, que preocuparse por subir el nivel del proceso de enseñanza-aprendizaje.