No puedo dejar de pensar lo difícil que es ser la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, cuando emite un mensaje lleno de sentido por uno de los máximos principios de la denominada Cuarta Transformación y, simplemente, las figuras políticas no la escuchan —en el mejor de los casos—.
Este discurso a favor de un comportamiento prudente, de austeridad, alejados de los excesos y la alharaca, es prácticamente desatendido.
El más reciente caso nos remite a la frivolidad de la secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora, que exhibe el lujo desmedido en fotografías, pero luego las oculta y, aunque no lo dijo, así intentó mostrar su falsa austeridad.
Esto nos lleva a una pregunta básica, pero al mismo tiempo fundamental: ¿Las y los integrantes de la 4T no pueden poseer bienes de alta gama como residencias, autos de lujo, joyas, accesorios de marca, entre otros productos considerados para personas de un estrato socioeconómico alto?
La respuesta es que sí, no tendrían que avergonzarse ni ser motivo de escarnio; lo malo es que la mayoría de los casos navegaron durante años con la bandera de la austeridad, la misma que enalteció Andrés Manuel López Obrador, pero de cuatro o cinco años a la fecha olvidaron eso y comenzaron a exhibir sus excesos.
Eran la clase “política franciscana”, que vestía y viajaba de manera humilde, para convertirse en los nuevos ricos.
Josefina Rodríguez asegura que sus bienes son producto de años de trabajo en el ámbito empresarial en Puebla y Tlaxcala y no hay por qué no creerle, pero la justa medianía que reclamaba el obradorismo era, en parte, no exhibirse porque al final, eso los coloca al mismo nivel que todos los de antes.
Lo peor, porque sí hay algo peor, fue esa jugada de borrar de las fotos las joyas, la vestimenta cara y de marca para corregir la parafernalia de la socialité.
Un ejemplo de prudencia de una mujer millonaria es Altagracia Gómez, actual coordinadora del Consejo Asesor de Desarrollo Económico Regional. Usa productos de marca, sí, pero al mismo tiempo es sumamente cuidadosa de sus outfits en sus presentaciones públicas, alejada de la ostentación.
Claro, ella no es precisamente integrante de la 4T, pero actúa muy cerca del movimiento.
El problema es que no sólo se trata de la secretaria de Turismo, también están Gerardo Fernández Noroña, “Andy” López Beltrán, Ricardo Monreal, y otros tantos más que demuestran su vida de lujos.
Definitivamente no oyen a la presidenta, o sí, pero no quieren hacerle caso.
Ya se despojaron de la bandera de la austeridad, de la misma manera como muchos otros ya no respetan la de no mentir y no traicionar al pueblo.
CAJA NEGRA
El regreso de Antonio Gali Fayad a la escena local mueve el tablero político en diferentes sentidos. No sólo impacta en el juego de la oposición, sino también en el oficialismo. De entrada, pareciera que el objetivo es que quite votos a las o los candidatos del PRI y del PAN, pero también podría arrebatar preferencias electorales a Morena.
Dependerá de quién sea la candidata o el candidato de la 4T, pero ahí es donde la ecuación trastoca al propio grupo en el poder.
No hay que olvidar la estrategia de Miguel Barbosa en el 2021 cuando apoyó veladamente a Eduardo Rivera por sus diferencias con Claudia Rivera Vivanco. En esa ocasión tuvo éxito la operación.