Hace casi dos años, cuatro días después de la captura de Ismael “El Mayo” Zambada, publicamos una columna titulada “Perdónanos, no pudimos evitarlo”, donde mediante tres actos -como si se tratara de la trama de una obra de teatro- intentábamos sintetizar la complejidad del proceso. Sin embargo, a la luz de las fotografías inéditas difundidas por el periodista Luis Chaparro, valdría la pena agregar un cuarto acto a la trama del momento:
PRIMER ACTO: El PITAZO
Uno de los deportes favoritos del neofascismo del terrible señor Trump ha sido agarrar a México “de piñata” en el templete de su campaña. En una entrevista concedida para Fox News, televisora filial del Partido Republicano, el candidato coqueteó con la intervención militar en México para poner orden en un país controlado por los sistemas ilegales. «Los cárteles son quienes administran México, pueden quitar al presidente en dos minutos». La sombra del narcoestado una vez más tomó su sitio en Palacio Nacional; en respuesta López Obrador disculpó a “su amigo”, recordándole a los periodistas que su homólogo estaba en campaña, y hasta le envió una carta donde encarecidamente le pidió que “todavía no lo mande a La Chingada”.
SEGUNDO ACTO: LA INTERVENCIÓN
No tiene la menor importancia si “El Mayo” Zambada fue capturado en México o en Estados Unidos. Mucho menos interesan las razones de la Sedena para ni siquiera intentarlo. El peso de la realidad, como la piedra del Pípila, hoy hunde al Gobierno de México en una complicidad manifiesta: la CIA, la DEA o quien quiera que haya sido el responsable de la captura -algunos dicen “entrega”-, sabían que para lograrlo tenían que guardar absoluta carecía, pues López Obrador no es de fiar cuando se trata de combate al narcotráfico. A ningún expresidente de este país la Casa Blanca lo ha criminalizado a tal grado.
TERCER ACTO: LAS DISCULPAS
Habrá que reconocerle el valor a Rosa Icela Rodríguez de no saber nada y, sin embargo, salir al ruedo de La Mañanera para intentar decir algo. Ante el vacío de la información López Obrador, a unos días de dejar la banda presidencial, se ha esforzado como pocas veces en dejar en claro una sola cosa: «nosotros no participamos», «nosotros no fuimos», «ni la Sedena, ni la Marina, ni la Guardia Nacional estuvieron involucrados en este operativo». Ha sido tan reiterativo que ya hasta parece que se está disculpando: “perdónenos señor don Mayo, no pudimos evitarlo”.
CUARTO ACTO: LA TRAICIÓN
Los rumores eran ciertos. “El Mayo” fue capturado gracias a un operativo conjunto entre el FBI y la CIA, en virtud de la colaboración -traición a la sazón- del hijo de “El Chapo” Guzmán. En consecuencia la soberanía nacional fue mascarada desde el sexenio de López Obrador, no obstante eso no le interesa a la presidenta Claudia Sheinbaum; lo único que la 4T tiene que ocultar es una sola pieza que completaría todo el rompecabezas: ¿Rocha Moya fue un agente encubierto de “Los Chapitos” o un simple anzuelo que hizo posible la captura, por “una oficina sin importancia” de los Estados Unidos, del narcotraficante más importante de México? Tarde o temprano lo sabremos.