En su segundo mandato presidencial, Donald Trump ha retomado un rol protagónico en la agenda comercial de América del Norte. Quien en suprimer periodo impulsó la renegociación del TLCAN para dar paso al Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) en 2020, ahora enfrenta nuevamente el futuro del acuerdo. Durante las primeras semanas de su administración en 2025-2026, Trump había advertido sobre la necesidad de ajustes, priorizando la reducción del déficit comercial de Estados Unidos con México y fortaleciendo protecciones para sectores clave como el automotriz. Esta postura marcó el tono de las conversaciones preliminares, donde Washington buscó mayor reciprocidad y reglas de origen más estrictas.
Sin embargo, conforme se acercaba la revisión conjunta prevista para el 1 de julio de 2026, Estados Unidos formalizó su decisión de no extender automáticamente el tratado por 16 años adicionales. Según reportes de Reuters y declaraciones oficiales, la administración Trump activó la “cláusula de caducidad” negociada originalmente en el primer mandato del presidente republicano. Esto implica que, en lugar de una prórroga inmediata hasta 2042, el acuerdo entrará en un periodo de revisiones anuales durante los próximos diez años.
El T-MEC no desaparece ni se cancela de inmediato. El tratado permanece plenamente vigente hasta el 1 de julio de 2036. Durante este lapso, los tres países podrán continuar negociando modificaciones puntuales en áreas como el sector automotriz, acceso a mercados lácteos, reglas de origen y otros pendientes. México y Canadá han expresado su interés explícito en mantener y fortalecer el pacto, mientras que funcionarios mexicanos, incluida la presidenta Claudia Sheinbaum, han manifestado optimismo sobre la continuidad del acuerdo, destacando que los principales defensores son los empresarios de las cadenas de producción integradas en Norteamérica.
Esta decisión genera cierta incertidumbre para inversionistas y cadenas de suministro, pero también abre una ventana de negociación continua.Expertos señalan que el mecanismo de revisiones anuales permite abordar desequilibrios sin romper el marco trilateral, aunque aumenta la volatilidad en el corto plazo. El gobierno mexicano ha enfatizado que el tratado sigue operando con normalidad y que las discusiones se centran
en ajustes, no en su terminación.
Quedan aún múltiples periodos presidenciales en Estados Unidos —y cambios de gobierno en los tres países— para alcanzar un acuerdo más definitivo. El T-MEC, considerado el tratado comercial más importante de América, ha demostrado su valor al impulsar el comercio intrarregional y la competitividad frente a otras potencias globales.
Confiamos en que, a través del diálogo constructivo y el interés compartido de las economías norteamericanas, este pilar de la integración regional continuará fortaleciéndose en beneficio de millones de trabajadores, empresas y familias en México, Estados Unidos y Canadá.