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La Sonrisa Siniestra del Vocero de la Muerte

La Sonrisa Siniestra del Vocero de la Muerte

Columnas miércoles 10 de junio de 2020 - 18:39

El gesto retrata al hombre:

Hugo López-Gatell se lleva la mano derecha al corazón y escucha desde su traje Hecali las palabras que en su defensa hace el presidente López Obrador.

Es la Mañanera en la que el presidente rinde homenaje al cantautor Óscar Chávez, quien falleció de coronavirus, y ordena que pongan “Por ti”.

En ese momento, López-Gatell vuelve a llevarse la mano al corazón y tararea la canción.

Sus ojos brillan por la emoción contenida.

Quiere llorar pero sabe que es impropio.

Ve al presidente como quien ve una estatua ecuestre de Villa o Zapata.

Una estatua enorme, del tamaño de una catedral.

López-Gatell suele emocionarse cuando el presidente lo elogia o lo defiende, o lo elogia y lo defiende.

Es un sentimental.

Un “mujerujo”, como diría María Félix de Carlos Fuentes: un hombre con corazón de mujer.

El epidemiólogo nació a la vida pública de este país cuando en una Mañanera respondió a la pregunta sobre un eventual contagio del presidente López Obrador con estas palabras:

“La fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio”.

Un científico negando la ciencia, sí, pero aún más: un funcionario agradando a su jefe con un tono meloso jamás imaginado en la 4T.

Las zalamerías no han cesado desde entonces.

Cada vez que puede, López-Gatell le da gusto a López Obrador y endulza sus oídos con teorías científicas más cercanas a Groucho Marx que a la
Organización Mundial de la Salud (OMS).

El más reciente ridículo desdibuja aún más a López-Gatell.

Resulta que antes de que iniciara la pandemia —y esto lo narró la articulista Ana Paula Ordorica en El Universal—, la Organización Panamericana de la Salud promovió a López-Gatell para que pasara a formar parte de la lista de expertos del Reglamento Sanitario Internacional (RSI) de la OMS.

Juan Ramón de la Fuente, embajador de México ante la ONU, le dio el empujón definitivo.

Todo esto ocurrió antes de octubre de 2019, cuando el murciélago que terminó convertido en sopa en el Mercado de Mariscos y Animales Exóticos de Wuhan todavía volaba en alguna cueva china y no contagiaba a nadie.

Hace unos días, sin embargo, informado por López-Gatell, el presidente López Obrador anunció que el subsecretario de Salud había sido incorporado por la OMS gracias a su extraordinario trabajo para enfrentar la pandemia.

La duda es tenaz, y mata:

¿Cómo le hizo nuestro personaje para ser incorporado a la lista de expertos del RSI por una guerra contra un virus que no existía en octubre pasado?

Misterio.

Por cierto: Jenaro Villamil, quien siempre quiso ser Carlos Monsiváis, presumió la falsedad y sumó una mentira más al asegurar vía Twitter que Julio Frenk, José Narro y Salomón Chertorivsky —ex secretarios de Salud— jamás habían sido llamados por la OMS para colaborar en su carácter de expertos.

Villamil dijo esto desde su doble condición de porrista y director del Sistema Público de Radiodifusión de Mexico.

Cuando le aclararon que en varios momentos los tres personajes del pasado neoliberal han sido convocados por la OMS para encabezar diversos proyectos sólo guardo silencio.

Nuevo misterio.

En la lista de inocentes mentiras de López-Gatell destaca una más: que en 2009, cuando sobrevino la pandemia de la Influenza, fue quien alertó al presidente Calderón sobre la urgencia de activar protocolos que evitarán una catástrofe.

Esto lo ha venido diciendo una y otra vez.

El periodista Carlos Loret de Mola investigó y descubrió la nueva falsedad:

“Hace 11 años explotó en México la gripe A(H1N1) cuando él era director general adjunto de Epidemiología en la Secretaría de Salud. Y por la manera en como gestionó aquella crisis fue marginado por el entonces presidente Felipe Calderón, quien lo consideró ineficaz porque defendió lo mismo que plantea para el coronavirus: no hace falta hacer tantas pruebas y es exagerado ordenar el cierre del país”.

López-Gatell es el único médico en el mundo que anuncia las miles de muertes que ha anunciado con una sonrisa en la boca.

Llega siempre, inevitablemente, como si fuera el vocero de buenas noticias.

Incluso llega saltando y picándose la panza con los antiguos miembros del Estado Mayor Presidencial.

Su calidad de vocero luctuoso choca con la felicidad que le da dar las malas noticias.

Su trabajo no es fácil: es el encargado de maquillar los números para que su jefe no lo corra.

Es el plomero destapa-caños de la 4T.

Es el conejo blanco de nuestra Alicia en el país de las maravillas.

Los días pasan.

Los números de muertos rebasan las expectativas con todo y que las cifras se maquillan con Max Factor.

La Universidad de Washington acaba de darle el más reciente gancho al hígado al optimismo de Palacio Nacional:

“En México habrá 52 mil 912 fallecidos para el 4 de agosto”.

Qué difícil, ay, es ser López-Gatell en tiempos del Covid-19.

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/CR

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