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La Sonrisa Enigmática de López-Gatell

La Sonrisa Enigmática de López-Gatell

Columnas domingo 26 de abril de 2020 - 18:05

López-Gatell llega todos los días a Palacio Nacional con una sonrisa.

No es una gran sonrisa, pero finalmente es una sonrisa.

A veces entra saltando.

(Hay videos).

En otras ocasiones bromea con los ex miembros del Estado Mayor Presidencial que cuidan a López Obrador.

(Hay audios).

Lo cierto es que encabeza las ruedas de prensa nocturnas con un extraordinario humor.

Quizás me excedo.

Digamos que lo hace de buen humor.

Técnicamente, sí, de buen humor.

Incluso se sabe los nombres de todas las reporteras que preguntan.

(Nombres y medios).

Eso le ha ganado puntos en el ala femenina de las Nocturnas.

Afable como es, López-Gatell lleva con franco buen humor las ruedas de prensa en las que se dan a conocer los números de muertos, infectados y sospechosos.

(Todos somos sospechosos mientras no se demuestre lo contrario).

Hasta el último corte, ya había mil 350 muertos por el covid-19.

(Pese a que los gobernadores se quejan de que la Federación maquilla las cifras).

Todas esas malas noticias (porque son malas, pese a que desde Palacio Nacional nos dicen que son buenas), López-Gatell nos las ha comunicado de franco buen humor, con saltitos a la hora de entrar a Palacio, con la sonrisa amable de quien nos dice que en las próximas horas habrá que sacar el paraguas porque va a caer un leve chubasco.

Cierto: estamos mejor que Italia, España y Estados Unidos.

(Qué tranquilidad. Ufff. Ya la saltamos. Hay que sacar la sonrisa López-Gatell para celebrarlo. Y si se puede: demos un saltito).

El problema es que detrás de cada muerte hay una familia que llora y que ni siquiera puede hacer sus honras fúnebres como Dios manda.

Y esas familias no pueden sonreír como López-Gatell cuando da a conocer la terrible cifra de los decesos.

Menos aún dar saltitos ni se pican la panza con lo que era el Estado Mayor Presidencial.

A este paso —pese a las cifras maquilladas— pronto llegaremos a los 8 mil muertos que ya anunció López-Gatell.

Y lo haremos en medio de ese optimismo de meteorólogo que anuncia lluvias ligeras en el Pacifico con una sonrisa francamente inolvidable.

Ah, y un saltito a la hora de salir del área de maquillaje.



Armenta y la Crisis Sanitaria y Económica. Llegan noticias del senador Alejandro Armenta.

Ha sido nombrado vínculo de la Junta de Coordinación Política del Senado con los organismos empresariales.

En ese sentido, coordinará tres video-foros a llevarse a cabo lunes, miércoles y viernes de esta semana.

Su tema: Atención inmediata a la crisis (macroeconomía y políticas públicas).

Es cuanto.



Días 40, 41 y 42 de la Cuarentena. La semana pasada narré cómo, desde el piso de mi cocina, alcancé a ver al fondo de las piernas de la comadre de Juanita al mismísimo murciélago de Wuhan, en cuyo Mercado de Mariscos nació el célebre covid-19.

No era un murciélago joven.

(Éste era de los que viven 10 años).

Sus ojeras evidenciaban noches borrascosas en cantinas de paso y en los cuellos de los parroquianos.

Digamos que era un murciélago negro de entre 29 y 33 milímetros de longitud y 2 gramos de peso.

Me lanzó una mirada hechiza que prometía noches infinitas de placer (en las piernas de la comadre, claro).

Toda esta observación científica duró alrededor de cinco segundos.

La traduzco ahora para abonar en algo a los científicos que lo estudian día y noche.

Algo más detecté: apenas me vio, se puso erecto.

(Como esas erecciones del mercado pornográfico mundial).

Yo, que venía de una erección, sentí cómo la perdía en décimas de segundo.

Entre la comadre y Juanita me levantaron.

De un codazo, la comadre se deshizo de mi noble cocinera y me atrajo a sus tetas generosas.

(Tan generosas que en cuanto sintieron la cercanía pararon los pezones).

Éramos cuatro en el abrazo: el de la voz, la comadre y las tetas de la misma.

Estuve ahí unos diez segundos.

A mi nariz entró de lleno el Agua de Colonia Sanborns, aroma Flor Naranja.

Recordé entonces que estábamos violando las normas más elementales de la sana distancia y me alejé de ella.

La mancornadora, vino hacia mí nuevamente.

Y de un jalón me llevó al jardín.

Mis perritas le ladraron como le ladran a alguien que amenaza la tranquilidad de su hogar.

Es decir: como dos esposas celosas.

De una patada acabó con ellas.

Con fuerza de mecapalero educado en el Mercado Hidalgo, la comadre me llevó a una esquina y me abdujo en cosa de dos minutos.

No supe más de mí.

Me dejé llevar como en una canción de Julio Iglesias donde el personaje principal tira el pañuelo al río.

Cuando volví en mí tenía la imagen del murciélago de Wuhan sonriendo como López-Gatell.

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/CR

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