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Ken "Mentiritas" Salazar

Columnas jueves 09 de julio de 2026 - 06:33

«¿Por qué esto es relevante? Las versiones son contradictorias, alguien mintió. De confirmarse la participación del FBI, sin informar al gobierno de México, representa una violación a la Carta de las Naciones Unidas, a la Carta de los Estados Americanos, a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y a la Ley de Seguridad Nacional».
Rosa Icela Rodríguez

En junio de 1971, Daniel Ellsberg, quien se había desempeñado como analista de la RAND Corporation, filtró a la prensa norteamericana documentos con información sensible concerniente al Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Como todos sabemos los papeles revelaron que, durante más de dos décadas, la Casa Blanca ocultó información vital sobre la guerra de Vietnam: maquillando costos y pérdidas humanas, engañando al Congreso y difundiendo la certeza de una victoria militar que, a la postre, resultó absolutamente ficcional.

Partiendo de ese contexto, ese mismo año Hannah Arendt (1906-1975), la pensadora política más brillante que haya dado el tortuoso siglo XX, escribió uno de sus ensayos más reveladores de su carrera, “Mentira y Política”:

Donde asegura -haciendo un esfuerzo de paráfrasis- que el engaño se ubica al otro extremo de la verdad, jamás desoculta y mucho menos clarifica; quién miente es presa del temor, rehén de la ilusión de tergiversar la memoria y extraviar el juicio de la razón. La mentira sólo es producto de la imaginación de quien la emite, pues el engaño sólo tiene éxito cuando la afirmación suena plausible, cuando las cosas pudieron haber sido como el mentiroso asegura que fueron; de lo contrario, cuando la mentira es incapaz de establecerse como un principio compartido, quien la difunde convoca a la indignación siendo presa fácil del escarnio.

La lección de Arendt consiste en que la mentira es esencial para la subsistencia de los gobiernos del tiempo presente. Y quizá por eso llama poderosamente la atención cómo Rosa Icela Rodríguez, desde La Mañanera, el espacio por excelencia de difusión de la propaganda del oficialismo, condene tan abiertamente la mentira en la que incurrió el embajador Ken Salazar con respecto a la captura de “El Mayo” Zambada; y que además se atreva a hacerlo, cuando en ese mismo espacio, cuatro de cada diez afirmaciones verificables han resultado falsas o engañosas durante el sexenio de López Obrador, según un conteo elaborado por SPIN-Taller de Comunicación Política.

¿Qué probabilidades había de que el FBI y la CIA, en una operación coordinada y ultra secreta, informaran a Ken Salazar con oportunidad sobre la captura de “El Mayo” Zambada? Tal vez el exembajador no mintió, simplemente dijo lo que sabía que, para ese momento, no era mucho. No olvidemos que los diplomáticos son “aves de paso” en la historia de las naciones; en cambio los cuerpos intermedios, como los anteriormente aludidos, son estructuras permanentes. ¿En verdad a nadie se le ha ocurrido pensar en Palacio Nacional que, si Ken Salazar no fue informado, fue porque su cercanía con López Obrador no lo hacía de fiar a los ojos de la Casa Blanca?

Como quiera que sea Ernestina Godoy, desde la remendada Fiscalía General de la República, ya montó su teatro. Todo sea para confeccionar un pretexto “a la sazón”: la violación de la soberanía nacional, ofensa con la cual seguir aferrándose a proteger a Rocha Moya, el gobernador con quien iba a entrevistarse “El Mayo” -según testimonio del narcotraficante-, justo al momento de su captura.

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/CR

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