facebook comscore
¡Hasta Luego, Gángster! ¡Nos Vemos en el Infierno!

¡Hasta Luego, Gángster! ¡Nos Vemos en el Infierno!

Columnas jueves 23 de julio de 2020 - 02:44

En una celda de lujo del Centro Correccional Metropolitano de Nueva York, un hombre muy rico y muy famoso —financiero de origen y destino— se ahorcó a los 67 años de edad en agosto de 2019, cuando llevaba apenas un mes encarcelado.

Era dueño de jets, islas, residencias brutales, vehículos de marca, amigo de otros ricos y famosos, amigo de príncipes, amigo de Trump, Clinton, Woody Allen: una celebridad del Jet Set mundial.

Está por cumplirse un año de su extraño suicidio, y la autoridad forense se resiste a determinar la causa de su muerte debido a que hace falta “más información”.

(De forma irregular y extraña, el protocolo de vigilancia se rompió durante tres horas, lo que ha motivado suspicacias de todo tipo, pues sus custodios, al parecer, actuaron deliberadamente para que el “suicidio” se concretara en tiempo y forma).

Este hombre —Jeffrey Epstein— cumplía una condena por tráficos de menores.

(En realidad era un depredador sexual que abusó durante décadas de una gran cantidad de chicas adolescentes de entre 14 y 17 años de edad).

Sus amigos poderosos a veces lo acompañaban en sus fiestas sin fin.

O a veces, también, recibían inusitados obsequios metidos en falditas, coletas y zapatillas.

Esos mismos amigos —ricos y famosos como él— fueron los primeros en preocuparse de su arresto.

Y es que había el temor —fundado— de que Epstein hablara de más e involucrara, en consecuencia, a sus amigos de orgías.

La muerte de Epstein, pues, tranquilizó a un príncipe del Reino Unido —Andrés, hijo de la reina Isabel—, a un presidente de Estados Unidos, a un ex presidente y a un genial hombre de cine, entre otros.

Tranquilizó su muerte a una docena de carteras prestigiosas, y a las esposas, amantes y socias de esas carteras, y a los amigos, igualmente poderosos.

Hace poco fue detenida, por delitos similares a los de Epstein, Ghislaine Maxwell, la rica y famosa proxeneta de quien fue su pareja durante muchos años.

Ella, todo mundo lo sabe, era la encargada de traer abejas al panal.

Abejas dulces, cándidas, bellas y, sobre todo, menores de edad.

¿Qué temen los administradores de la justicia federal en Estados Unidos?

Que los protocolos de vigilancia se vuelvan a romper para que la señora Maxwell termine suicidándose como su amado J. Epstein.

Todo esto viene a cuento por el caso Lozoya.

Dueño de jets, islas, residencias brutales, vehículos de marca, amigo de otros ricos y famosos, amigo de príncipes, enemigo (antes amigo) de Peña Nieto y Videgaray, Emilio Lozoya Austin es hijo del célebre Milagro mexicano.

Ése que vuelve ricos y poderosos a estudiantes formidables, dueños de nobles apellidos y de gran cepa.

Lozoya, como el tango, ya está en la cárcel, aunque hoy por hoy es una habitación propia en un hospital muy VIP.

¿Cuánto tiempo estará ahí?

Nadie lo sabe.

Lo cierto es que la sombra de Epstein aparece todas las noches en su cama de hospital.

Y es que las semejanzas son extraordinariamente tenebrosas.

Vea el hipócrita lector:

Los amigos-enemigos de Lozoya saben que va a hablar.

(Lo han dicho el fiscal Gertz Manero y el presidente López Obrador).

Y al hablar, saben que va a decir nombres.

Y al decir nombres, saben que pueden ser los suyos.

Nombres propios y apellidos ligados a tramas de dinero y corrupción.

(Como son las tramas de los ricos y famosos).

Tramas ligadas al millonario brasileño Marcelo Odebrecht y a otros millonarios que zozobran en otras partes del mundo.

Como Epstein, Lozoya sabe demasiado.

Y ya sabemos lo que pasa con la gente que sabe demasiado.

Ojalá los administradores de justicia de este país que llamamos México vean la serie sobre Epstein que todavía se encuentra en Netflix para que tomen las precauciones del caso y no nos salgan un día de estos con el viejo cuento de que Lozoya Austin se ahorcó misteriosamente en su cama de hospital o en su habitación VIP de alguna cárcel mexicana.




Envie un mensaje al numero 55-11-40-90-52 por WhatsApp con la palabra SUSCRIBIR para recibir las noticias más importantes.

/CR

Etiquetas


Notas Relacionadas
¿La IA acabará con la humanidad? Columnas
2026-09-24 - 06:34
Gobernar también es cuidar Columnas
2026-09-24 - 06:25
El festín de los anticipados Columnas
2026-09-24 - 06:20
Los bebés no debieron morir Columnas
2026-09-23 - 06:30
Lo que PISA 2025 se llevó Columnas
2026-09-22 - 06:25
Ser joven ya no es como antes Columnas
2026-09-20 - 20:46
+ -