Todos conspiran contra el presidente López Obrador.
Conspira un locutor cuyo padre veía ovnis.
Conspiran los empresarios de medio pelo que añoran los tiempos del neoliberalismo.
Conspira el creador de fakes que hace programas con el payasito despintado.
Conspira el ex presidente de la República que hizo de este país un gigantesco cementerio.
Todos conspiran contra AMLO.
Conspira el hijo lampiño de Mi Marciano Favorito.
Conspira el locutor televisivo que sólo obedece al vendedor en abonos semanales de las tiendas Elektra.
Conspira el gobernador que quiere ser presidente de la República.
Qué país de conspiradores ha generado esta cuarentena.
En qué país nos hemos convertido todos.
Queremos que le vaya mal al presidente para que le vaya bien a ese país que fuimos.
Celebramos el número de muertos y el número de contagiados, y desconfiamos de las cifras oficiales.
“¡Están maquilladas!”, gritamos al tiempo de exigir una transparencia que no practicamos en el pasado reciente.
Conspira el cómico mediano que nos hace reír Derbez en Cuando.
Anhelamos que las cifras fúnebres vayan en aumento.
Nos dejan extasiados las noticias del quebranto petrolero.
Ufff.
Conspira la hermana de la cantante que nunca pasó de ser una actriz esquizofrénica.
Conspiran el histrión de barrio y el intelectual cuyo legado descansa definitivamente en paz.
Conspira, faltaba menos, el músico mediocre de los hoyos fonky.
Nos regodeamos en la devaluación del peso.
Somos los nostálgicos de un país en crisis permanente.
Somos, faltaba más, los profetas de una nación que se nos viene abajo.
“Es cuestión de meses para que todo se vaya al diablo”, vaticinan las columnas periodísticas.
Tic tac, tic tac, tic tac…
En qué país nos hemos convertido?
Día 37 de la Cuarentena. Leo que los cárteles de la droga obsequian despensas.
Despensas bien surtidas.
Señoras despensas, vaya.
La gente las recibe con sonrisas generosas.
“¡Gracias, Señor Don Narco, por este detallazo!”.
“¡Gracias, mi huachicolero favorito, no se hubiera usted molestado!”.
Los tiempos han cambiado.
Antes era el Señor Licenciado Fulano de Tal el que enviaba esas despensas.
Hoy son los mini-lics los que las mandan.
“Con los atentos saludos del Cártel Jalisco Nueva Generación”.
“En espera de que pase una feliz Cuarentena, queda de Ud., su Atento y Seguro Servidor: el Cártel de Sinaloa”.
“El Cártel de los Chapitos —su Cártel de Confianza— hace votos por su salud y pronta recuperación”.
“Por una Cuarentena alejada de la incertidumbre, sus amigos Los Viagras le mandan a Usted y Su Familia sus Mejores Deseos”.
“Tenga para que se Entretenga, le desea su amigo y benefactor El Señor de la Virgen”.
Hasta la hija del Chapo se ha dado a la tarea de repartir despensas.
Y qué despensas.
Muy señoras despensas.
No sólo contienen aceite, frijol con gorgojo y maíz.
Algunas hasta pantallas y refrigeradores tienen.
No podían faltar en las despensas Ron Huasteco Potosí y brandy Magno.
En algunos casos hay hasta Chivas o Bukanas.
Somos el país que queremos ser.
O el que nos merecemos ser.
Hay algo de filosofía y sociología en todo esto.
El presidente ya llamó a los mañosos a portarse bien, pero la gente está recibiendo con sobradas sonrisas los regalitos.
Incluso los becarios (no sicarios).
Y los de la tercera edad.
Buena temporada para ellos.
Además de las becas por adelantado, generosas despensas de la Maña.
Muchos días de éstos, diría el infaltable clásico.