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No he venido a ser perfecto, he venido a ser real…

No he venido a ser perfecto, he venido a ser real…

Columnas miércoles 17 de abril de 2024 - 22:44

«En la perfección está el desamor».

No quiero vivir luchando por controlarlo todo cuando sé que no tengo control de nada. No he venido aquí a decirle a la Tierra cómo debería rotar; he venido aquí a recostarme en su pecho y girar con ella. Tampoco he venido a vivir seguro, a ganar o a acertar, sino a atreverme, a jugar y a elegir. Quiero que viva ese niño que cuando tiene hambre, tiene comida, y que, si no la tiene, llora. Quiero vivir la vida con las reglas de la vida, donde unas veces se gana y donde otras se aprende. Quiero desterrar de mi vocabulario las palabras exigir, juzgar y esperar, y quiero que, en su lugar, estén aceptar, valorar y amar.

He venido aquí a quererte como eres y a que me quieras como soy, y tal vez eso no haga más feliz el momento, o no lo haga más perfecto, pero tampoco he venido aquí a ser perfecto, he venido a ser real. Y si en el intento por vivir historias, exprimir cada momento y tratar de abrazar una vida auténtica voy dejándome jirones de felicidad, acepto con honor el trato, pues no debemos olvidar que, en el humano deseo de vivir feliz, feliz es solo el apellido de la acción protagonista: VIVIR.

Yo aquí vine a no tener nada y lo tuve todo…

De todos los miedos que existen, el más estúpido es tenerle miedo a la felicidad. Cuando estamos abajo, aunque no nos guste, sabemos que todo lo que venga será mejor. Justo lo contrario de lo que ocurre cuando estamos arriba. En temas de satisfacción, nos gustan más las subidas que las bajadas.

Aceptar que el siguiente paso puede llevarnos a una zanja o a un escalón, esa es la primera señal para no quedarnos bloqueados y atrevernos a caminar… y no importa a dónde nos lleve ese paso… siempre viene acompañado de aprendizaje, de sabiduría.

Si bien en la adversidad nos sentimos más desdichados, en la dicha nos sentimos más vulnerables. Tanto como “es más fácil vivir en la decepción que sentirse decepcionado. Te sientes más vulnerable cuando entras y sales de la decepción que cuando tienes en ella tu campamento permanente. Sacrificas la dicha, pero sufres menos”. Lejos de disfrutar cuando todo va viento en popa —y a toda vela—, nos preocupamos por si deja de soplar y nos quedamos en el zarandeo de altamar.

¿Quién podría temer la felicidad? (Quizás estén preguntándose). Aquel que teme perderla. ¿Y quién puede temer perder? Aquel que cree que algo le pertenece.

«No existe la ganancia o la pérdida. Existe el disfrute o no de lo que nos rodea».
Extracto de mi libro: JuanCa, regreso a casa

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HG/CR

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