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El fracaso del Estado en la vida empresarial

El fracaso del Estado en la vida empresarial

Columnas viernes 18 de septiembre de 2026 - 06:42

El gobernador de Baja California Sur, Víctor Castro Cosío, generó inquietud entre empresarios e inversionistas en su entidad y en otras partes del país, después de sugerir la expropiación de empresas.

Incluso, su propuesta informal llegó al punto de deslizar la idea de devolver a los bancos a manos del Estado, tal como ocurrió en el apogeo del PRI como partido hegemónico.

En esa “época dorada” y en la actualidad, quedó demostrada la incapacidad del aparato estatal de poseer y administrar empresas que, hay que decirlo, propició una de las peores crisis en la historia mexicana.

Ahora bien, en la historia reciente el Estado Mexicano, a través del Ejército, volvió a ejercer esta facultad de ser dueño de negocios —principalmente en el ámbito turístico y de transporte— con el argumento de la soberanía nacional.

Una vez más el fracaso gerencial golpeó duro a la realidad nacional y exhibió la falta de talento de las instituciones públicas para sacar adelante un proyecto empresarial.

Ejemplos por supuesto abundan. Destacan el Tren Maya, no sólo por el derroche económico y su baja rentabilidad, sino también al representar una obra que atentó en contra del ecosistema y la biodiversidad en la región de la Península de Yucatán.

El Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) resultó en un fiasco y la Mexicana de Aviación sigue sin despuntar en comparación con su competencia privada.

No hay que ir más lejos, desde el priismo y aún con Morena en el poder, Petróleos Mexicanos (Pemex) es otro ejemplo de la desastrosa operación pública, porque por una parte sigue creciendo su deuda y, por otra parte, mantiene los beneficios al sindicato y la producción de combustible no es autosuficiente.

De ahí que la propuesta del gobernador de Baja California Sur es un despropósito, considerando antecedentes y actualidad en el papel del Estado como empresario.

Víctor Castro habla desde la improvisación, porque una expropiación implica graves consecuencias en el ámbito económico, político y social.

El problema de fondo es que basta con que un liderazgo de la Cuarta Transformación emita un pronunciamiento estruendoso, polémico, de alto impacto, para que genere incertidumbre.

Esto crea un ruido innecesario para el gobierno de Claudia Sheinbaum porque, pese a que no provino de ella ni de su administración, siempre termina por limpiar los desastres de personajes como mandatarios estatales, legisladores federales y luego hasta de alcaldes.

La inquietud empresarial no busca respuestas de autoridades menores, sino de más alto rango, porque son quienes podrían convertir en realidad todas esas propuestas que surgen en lo local.

Bajo estas condiciones, no hay forma de que se haga realidad y, aun así, Castro creó un problema innecesariamente a la inquilina de Palacio Nacional.

No es un buen momento para apostar por una política tan retrógrada y menos cuando los grupos políticos de Morena enfrentan una disputa por cientos de candidaturas a lo largo de todo el país.

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/CR

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