Habrá que hacer una retrospectiva para comprender el momento político por el que atraviesa la capital de la entidad:
Durante la segunda quincena de septiembre pasado la señora Laura Artemisa, a pesar de todas las mantas y bardas pintadas con su nombre, regresó al Congreso del Estado en un movimiento que francamente apestó a fracaso político; mientras que Pepe Chedraui, durante todo este tiempo, permaneció como el puntero indiscutible en todas y cada una de las encuestas que se han levantado en Puebla.
GobernArte por ejemplo, en un estudio demoscópico realizado entre el 23 y 28 de septiembre, proyectó al futuro coordinador municipal de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación con el 42.6 por ciento de preferencia del voto; en tanto que Electoralia, con datos recabados entre el 6 y el 10 de septiembre, lo situó ligeramente por debajo de esa cifra, con un total de 40 por ciento de inclinación efectiva.
La proporción no sólo es dos a uno con respecto a su competidor más cercano, también es francamente irreversible en el corto plazo de dos meses en los que Morena deberá sacar a un candidato en enjuagues de “coordinador”.
No fue obra de la casualidad que Gabriela “La Bonita” Sánchez, uno de los cuadros más representativos del armentismo, saliera al ruedo de los Comités de Defensa de la 4T para darle “un gancho al hígado” al presidente municipal de Puebla. Pero recordemos que lo hizo un día después de que Pepe Chedraui anunciara que está listo para dedicarse, “en cuanto a los tiempos electorales así lo permitan”, a las faenas de la contienda interna.
En mi columna titulada “Reelección Imparable”, publicada el pasado 29 de septiembre, hacía una pregunta que valdría la pena replantear al calor del momento:
«¿Quién podrá más en Puebla: el claudismo del Comité Ejecutivo Nacional o los aliados de Casa Aguayo en la entidad? La suerte del sexenio dependerá de semejante enfrentamiento que, en muy poco tiempo, se convertirá en “la madre de todas las batallas” del morenismo local».
Me parece que no nos equivocamos en la proyección. Este fin de semana, más que una manifestación de fuerza, el tan innecesariamente tumultuoso registro de Sánchez Saavedra fue un acto de desesperación del armentismo, un intento por ganar tiempo en el pantanoso terreno de la contienda interna.
¿En verdad tiene posibilidades “La Bonita” Sánchez de alcanzar a Pepe Chedraui en la preferencia efectiva de los electores de la capital imparable? Por ahora podemos decir que, en el terreno estrictamente estadístico, la pugilista ya goza de una ligera ventaja comparativa:
Los otros cuatro aspirantes que no hemos mencionado son, en esencia, “cartuchos quemados” de la transformación; ninguno en lo individual está en condiciones de acaparar más del cinco por ciento en las encuestas. Así que al menos, en términos numéricos, “La Bonita” Sánchez ya tiene la mesa puesta.