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Claudia Sheinbaum y el ministerio de la verdad

Claudia Sheinbaum y el ministerio de la verdad

Columnas miércoles 29 de julio de 2026 - 20:50

En pleno siglo XXI siguen resonando, cada vez con mayor fuerza, las advertencias de Eric Arthur Blair, mejor conocido como George Orwell, que dejó plasmadas en su emblemática obra titulada “1984”; un texto distópico que apareció en el contexto de la posguerra, en la Inglaterra de 1949, nutriéndose de las experiencias totalitarias occidentales que alcanzaron un grado de control social inimaginable gracias, en cierta medida, al monopolio del poder político y las tecnologías gubernamentales de la información.

La sugerencia de Orwell consiste en que un régimen totalitario está interesado esencialmente en impedir el acceso a la información incómoda, aquí la destrucción del INAI cobra absoluto sentido; además de sustituir los hechos contrastables con propaganda gubernamental descarada, ese es el principal objetivo de “La Mañanera del Pueblo”; así como alterar la memoria colectiva de los ciudadanos, sin duda la apuesta por el olvido del caso Ayotzinapa o el tratamiento de Teuchitlán como un campo de reclutamiento, en vez de un campo de exterminio, son un par de imágenes bastante ilustrativas del asunto.

No obstante, nada de lo anterior tendría sentido si no existiera una operación altamente redituable para el régimen: la glorificación de la narrativa oficial como la única narrativa posible. Y es justo aquí donde entra a escena la Defensoría de las Audiencias que, en los términos de “1984”, funcionaría como un auténtico “ministerio de la verdad”.

Sheinbaum, “la gran hermana con A” –para continuar con la alegoría–, sabe que para que todo esto sea posible no sólo necesita una estructura burocrática, que en sí misma es «un gobierno sin responsabilidad» –siguiendo a Hannah Arendt que es una voz autorizada en estos menesteres–, sino que también requiere de un elevado grado de participación social pues, en este caso no faltarán radioescuchas y televidentes agraviados, nuestros “policías del pensamiento” diría Orwell, que en vez de simplemente cambiar de canal o de estación, no dudarían en tocar la puerta de la Defensoría de las Audiencias como muchos alemanes lo hicieron con la Gestapo y demasiados rusos con la KGB.

¿El resultado para el ejercicio del periodismo? La institucionalización del miedo tras el micrófono que acabará sustituyendo a la crítica y a la comunicación efectiva pues, el temor a las consecuencias de extralimitarse con un “ministerio de la verdad” y con un ejército de “policías del pensamiento” siempre será mayor que la reproducción de la veracidad, por definición incómoda para el ejercicio del poder público.

P.D. No deja de llamar la atención que casi nadie haya advertido que la consulta que propone Sheinbaum es inconstitucional. De acuerdo con el artículo 35, fracción VIII: «no podrán ser objeto de consulta popular la restricción de los derechos humanos reconocidos por esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, ni las garantías para su protección». A estas alturas francamente no me extraña: el primado de la Razón de Estado es un rasgo típico de un régimen con vocación autoritaria.

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/CR

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