Regreso al tema de la conversación entre el gobernador Barbosa y el presidente López Obrador.
Disculpe el hipócrita lector que repita el diálogo filtrado por la presidenta municipal Claudia Rivera Vivanco:
“—Andrés, ¿por qué no has metido a la cárcel a Peña Nieto?
“—Miguel, tú lo debes saber mejor. Eres abogado…
“—Pero si Peña y Calderón ya estuvieran en la cárcel no tendríamos encima al PRI y al PAN.
“—Miguel, me extraña que me digas eso, porque tú sabes que eso es un asunto de leyes, tribunales y no de voluntad presidencial. Hoy las cosas son diferentes”.
Algunas cosas de entrada:
El gobernador sabe que está en la 4T —faltaba menos— y le habla al presidente como se le habla al compañero presidente: de tú y por su nombre de pila: “Andrés”.
El presidente le responde en consecuencia: de tú y por su nombre de pila: “Miguel”.
Los dos son directos.
Qué mayor transparencia que preguntarle a un presidente —frente a sus generales y almirantes y secretarios— sobre por qué (diablos) no ha metido a prisión a Peña Nieto.
(Cosa curiosa: cuando AMLO se refiere a Peña Nieto de “presidente” no lo baja).
Leo en las malditas redes sociales que entre ambos personajes hay distancia.
Una insana distancia.
(Incluso alguien armó, muy inteligentemente, un video con el vals “Cien años” para evidenciar esa lejanía).
Los pobres diablos que conforman el gabinete del presidente —empezando por López-Gatell— son incapaces de llevarle la contra.
Muchos menos, de cuestionarlo en temas como la incomprensible libertad de Peña Nieto y Calderón.
Vaya: incluso cuando estornudan piden perdón ante el mandamás.
El pecado del gobernador Barbosa fue preguntarle al presidente sobre un tema que está en la mente de todos.
Si eso les parece ofensivo a algunos, es su problema.
No han entendido la 4T.
Nos guste o no, el gobernador está siendo congruente con lo que prometió.
No nos ha engañado.
Hay alguien que se conformó con hacer teatro de sombras chino en un circo pobre (de pueblo).
Sólo ha metido a la cárcel a Rosario Robles.
Y eso fue por un tema personal.
De ahí lo valioso de esa pregunta incómoda.
El poder, dice el clásico, es para ejercerse.
Y para disfrutarse.
Ambas cosas van de la mano.
Si Peña Nieto estuviera en la cárcel la oposición ya hubiera volado a Harvard.
O a Stanford.
O a Xochimilco.
Qué extraños compañeros de cama son la congruencia y la sensatez.
No hay mucho de eso.