«México tiene grandes problemas internacionales porque es un narcoestado, y tengo las pruebas»,
Porfirio Muñoz Ledo
La sombra del narcoestado se ha vuelto a posar en “el dintel de la puerta” de Palacio Nacional. El primer señalamiento provino del extinto Porfirio Muñoz Ledo, el constitucionalista de carrera que hace más de siete años entregó la banda presidencial a López Obrador, pero que durante los últimos años de su existencia se convirtió en feroz crítico de la Cuarta Transformación.
El tema volvió al ruedo de la opinión pública nacional e internacional con las investigaciones de Tim Golden y las implicaciones de la DEA. En mi columna titulada “La advertencia de don Porfirio”, publicada el 22 de febrero de 2024, comentábamos lo que sigue:
«El silencio en México se ha roto por completo, por ProPublica y Tim Golden, por la DEA y Anabel Hernández, por el grupo criminal de Los Ardillos y hasta por 200 mil mexicanos –90 mil según las cuentas de Martí Batres– que a falta de una defensa legal que limpie el honor público de López Obrador, a grito tendido corearon el mote de “narcopresidente” a las puertas de Palacio Nacional».
Era cuestión de tiempo para que la captura de “El Mayo” Zambada en la Unión Americana destapara la cloaca. Inocentemente, los propagandistas del régimen creyeron fervientemente que el fundador del Cártel de Sinaloa iba a salpicar a Peña Nieto o a Calderón, pero cuál habrá sido su sorpresa cuando tuvieron que sacar a “la porra de gobernadores” para intentar “tapar el sol con un dedo”.
La implicación es muy poderosa: el señor Zambada asegura que el día de su detención tenía una cita con el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. La siguiente pregunta hace trizas “la honestidad valiente” del gobierno de López Obrador: ¿qué diferencia existe entre los dichos de “El Mayo” y los de todos aquellos indiciados y testigos colaboradores que incriminaron a Genaro García Luna? ¿Acaso la 4T, lejos de romper con las implicaciones entre instituciones gubernamentales y redes delincuenciales, optó por profundizarlas hasta convertirlas en una sola entidad, indistinguible e inquebrantable?
Vuelvo a lo publicado en otra columna, en esta ocasión titulada “Perdónenos, no pudimos evitarlo”, publicada en agosto de 2024:
«No tiene la menor importancia si “El Mayo” Zambada fue capturado en México o en Estados Unidos. Mucho menos interesan las razones de la Sedena para ni siquiera haberlo intentado. El peso de la realidad, como la piedra del Pípila, hoy hunde al Gobierno de México en una complicidad manifiesta: la CIA, la DEA, o quien quiera que haya sido el responsable de la captura –algunos dicen “entrega”–, sabían que para lograrlo tenían que guardar absoluta secrecía, pues López Obrador no es de fiar cuando se trata de combate al narcotráfico. A ningún expresidente de este país la Casa Blanca lo ha criminalizado a tal grado».
A casi dos años de distancia, el gobierno de los Estados Unidos abrió una acusación formal contra el gobernador Rocha Moya por narcotráfico y asociación delictuosa. ¿Está dispuesta Claudia Sheinbaum a romper con Washington, en plena escalada inflacionaria, justo cuando se están renegociando los términos del T-MEC, con tal de mantener su fachada de honestidad inmaculada? ¿Acaso la presidenta tendrá la valentía de contener la furia de Trump, dejando que ruede por los callejones de la República la cabeza de un narcogobernador? ¿O en verdad Palacio Nacional piensa negar la realidad hasta sus últimas consecuencias?
Ese último escenario sería el más peligroso de todos: recordemos que si se llevaron al Mayo, el presidente Trump y sus agentes de la CIA –que ya están en territorio mexicano– no les va a costar mucho trabajo agarrar a Rocha Moya y llevárselo a Brooklyn con todo y fuero.
Tic, tac, tic, tac…