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La foto del Mundial 2026

La foto del Mundial 2026

Columnas domingo 19 de julio de 2026 - 23:16

La fotografía era demasiado valiosa para dejarla pasar. Claudia Sheinbaum entendió que la final del Mundial 2026 no era únicamente un espectáculo deportivo, sino un escenario político de alcance global.

Con cerca de dos mil millones de personas pendientes del encuentro, ausentarse también habría enviado un mensaje.

La invitación de Donald Trump no podía ser desairada.

En medio de una relación bilateral marcada por las investigaciones contra Rubén Rocha Moya, la polémica por los acercamientos de la gobernadora Marina del Pilar Ávila con autoridades estadounidenses, las redadas migratorias del ICE y la incertidumbre sobre el futuro del T-MEC, la presencia de la presidenta mexicana representaba un gesto diplomático más que una celebración futbolística.

Sin embargo, tampoco hay que sobreestimar el significado de esa cortesía. Trump nunca ha ocultado que disfruta convertir cualquier evento internacional en una plataforma para fortalecer su propia imagen.

La final entre España y Argentina disputada en territorio estadounidense, le ofrecía el escaparate perfecto para proyectarse como anfitrión del planeta, rodearse de jefes de Estado y aparecer en la fotografía con los campeones. El fútbol fue, una vez más, el escenario; el protagonismo era el verdadero objetivo.

Sheinbaum jugó con inteligencia política. Al compartir el palco con otros mandatarios diluyó el costo de cualquier reacción adversa del público.

El abucheo que recibieron las autoridades al ingresar al terreno de juego terminó siendo colectivo y, por lo tanto, incapaz de convertirse en un golpe directo contra su figura.

La estrategia difícilmente habría funcionado si el contexto hubiera sido distinto. Acudir al partido inaugural en México representaba un riesgo mucho mayor. Ahí la afición nacional habría tenido la oportunidad de expresar su inconformidad en un ambiente menos controlado y un eventual rechazo habría contrastado con los altos niveles de aprobación que la presidenta suele destacar en sus conferencias matutinas.

La política también consiste en elegir el momento y el escenario donde aparecer y ella acertó en asistir al último juego.

Pero el Mundial ya terminó y con él desaparece uno de los grandes reflectores que inevitablemente desplazó la atención pública durante varias semanas.

A partir de ahora, el gobierno federal vuelve a enfrentar una agenda mucho más áspera: seguridad, crecimiento económico, migración, relación con Estados Unidos, presión comercial y los inevitables conflictos políticos que anteceden a las elecciones intermedias de 2027.

Los eventos deportivos tienen la virtud de unir emociones y suspender, por unas horas, la confrontación política, pero esa tregua siempre es temporal.

La imagen de la presidenta en la final del Mundial recorrerá el mundo y quedará como parte del álbum diplomático de su administración; sin embargo, ahora sin fútbol solo le queda atajar los escándalos que emanen de la 4T.

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/CR

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