Hace unos días, el gobernador Alejandro Armenta hablaba de los terribles efectos que tuvieron para Puebla los esquemas de negocios utilizados en el morenogalismo. Y sale a colación porque ahora escuchamos gritar con urgencia y estruendo a la oposición, pidiendo que ya se deje de culpar a los gobiernos anteriores de la situación que actualmente vivimos, que los gobiernos de la 4T deben asumir su responsabilidad, que se deje de pensar en el pasado y mejor se dedique a resolver (y rapidito), el “porquerillero” que ellos mismos dejaron.
Su estrategia electorera es sencilla: quieren transferir la responsabilidad histórica de lo que causaron, y no pudieron (ni quisieron) resolver, para quedar lo menos salpicados posible y así, erigirse en una oposición limpia e inmaculada que viene a rescatarnos, culpando a la Presidenta de la República, al gobernador o a los Presidentes Municipales dando a atender que ahora son éstos los causantes de lo que todavía nos aqueja.
Es necesario conocer la historia, tenerla siempre presente para saber en dónde estamos y hacia dónde vamos, si llevamos el mismo rumbo o si está cambiando, si hay evolución o regresión, si hay progreso o estancamiento, y eso quiere decir que como ciudadanía el primer paso es no olvidar para no repetir los errores, porque como decía Hegel: “Lo único que aprendemos de la historia es que no aprendemos de la historia”.
Hoy la oposición alega que no hay transparencia en los gobiernos de la 4T, siendo que hoy es cuando más se publica, se comunica y se sabe respecto a las acciones del gobierno en todos sus ámbitos. NO DEBEMOS OLVIDAR cuando aquellos gobiernos hacían contratos ocultos como el de la concesión del agua en 2014. Un contrato con manchas de colusión, complicidad y silencio, como dijo el Gobernador Armenta, y de carácter secreto es impensable en nuestros días con los gobiernos actuales.
NO DEBEMOS OLVIDAR que en tema de libertades como la de expresión, de reunión y manifestación la diferencia hoy es abismal, hace unos años existía un terrible esquema de represión contra activistas o cualquiera que osara manifestarse aunque fuera de manera pacífica, que desencadenaba actos de brutalidad como el que desembocó en la trágica muerte de un niño pequeño en Chalchihuapan (y la consecuente persecución y hostigamiento a los abogados de sus familiares que exigían justicia); a eso se sumaban la persecución y encarcelamientos de personas que de manera pacífica protestaban contra un gasoducto, en contra de que les arrebataran sus tierras, o en contra de los llamados “proyectos de muerte”, o a jóvenes que exigían acceso a la universidad pública. Hoy, a diferencia de aquellos gobiernos, en todo momento está garantizado el derecho al diálogo, algo que antes era impensable.
En ese tenor NO DEBEMOS OLVIDAR la famosa “Ley bala” que ellos emitieron disfrazada de “protocolo de uso de la fuerza”, pero que en realidad se hizo para eximir a quien reprimiera. Hoy esa ley ya no existe. Y como esa ley hubo una serie de ordenamientos y decretos que le quitaban libertades a las juntas auxiliares, y derechos constitucionales a los municipios, como los de la llamada “zona Audi”. Leyes como la de expropiación de tierras, del “blindaje de contratos”, y hasta aquella Ley Orgánica de la Fiscalía General del Estado. Actualmente esas arbitrariedades ya no están en el mapa de nuestro estado.
En el ámbito de la corrupción, NO DEBEMOS OLVIDAR los PPS y las APP que el mismo gobernador denuncia como casos de “saqueo y corrupción institucionalizada”, como el del Museo Barroco o el CIS, como el de los puentes atirantados, o el de la doble facturación en toda la obra del teleférico, los proyectos fallidos como el tren turístico, la estrella de Puebla entre muchos otros que se hicieron de manera opaca, con grandes sobrecostos y sin beneficio real, siendo sólo obras de relumbrón, en detrimento por supuesto de servicios y obras en favor de la población, que no hicieron y de los que hoy también tanto se quejan, siendo que ellos son los causantes del mal estado de muchas carreteras del estado, del pavimento en las calles, y de los problemas de drenaje, y alumbrado, entre otros servicios.
Sabemos que uno de los asuntos heredados más graves es el de la seguridad pública, donde la oposición hace énfasis de manera muy oportunista, aún y cuando es en el sexenio de Rafael Moreno Valle, cuando detonan los casos de feminicidio con un aumento del 700 por ciento (¡con Gali Fayad aumentaron 26 por ciento más, en 1 año 10 meses!); cuando el homicidio doloso con Moreno Valle tuvo una tendencia ascendente de 437 en 2011 a 735 en 2016, (con José Antonio Gali aumentaron un 56 por ciento en 1 año 10 meses); y otro ejemplo entre muchos más, es el del “boom” del huachicol en Puebla en esos años, que estaba protegido por su entonces Secretario de Seguridad.
Aunque la inseguridad sigue siendo un gran problema en la entidad, los números comienzan a ceder y disminuyen debido a estrategias de tecnología, inteligencia y coordinación, pero NO DEBEMOS OLVIDAR que lo que actualmente vivimos en Puebla capital y en el interior del estado tiene su germen en las administraciones panistas.
Esto es sólo una parte del porqué Monsiváis decía que “La doctrina de la derecha es la hipocresía”. Ellos hacen esta apuesta al olvido y exigen que no recordemos nada de lo que pasamos en sus gobiernos, para así dejar de comparar la enorme diferencia con lo que hoy tenemos, pero sobre todo, para poderse lavar la cara y poderse presentar sin vergüenza alguna a pedir nuestro voto. ¡Mucho ojo!