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De la tierra a la luna

De la tierra a la luna

Columnas jueves 23 de julio de 2026 - 17:37

Construido y puesto en funcionamiento hace 55 años, el primer vehículo lunar fue diseñado para transportar a dos astronautas, herramientas, instrumentos y muestras lunares.

El programa Apolo puso a hombres en la Luna seis veces. En los tres primeros alunizajes, los astronautas se movían a pie, lo cual, fue un trabajo duro, pues los trajes pesaban más que ellos. Además, desde el interior de sus cascos, no podían ver sus propios pies y sus trajes estaban llenos de aire, así que doblar alguna extremidad o cerrar los puños alrededor de una herramienta requería músculo real.

A eso se le sumó lo extraño que resultaba moverse en una sexta parte de la gravedad, por lo que esos saltos para desplazarse requerían esfuerzo, lo cual incrementaba su metabolismo, lo que significaba que consumían el aire y el agua refrigerante de sus mochilas con rapidez.

Todo eso limitaba el alcance de los astronautas desde la base y el tiempo que podían pasar fuera del Módulo Lunar. Es justo aquí donde el rover lunar entró en acción, eliminado gran parte de su esfuerzo. Gracias a ello, los tripulaciones de los Apolo 15, 16 y 17 se desplazaron a los lugares predeterminados donde debían recoger muestras geológicas o realizar otras actividades científicas, y aunque el rover lunar podía ser complicado de conducir, era muchísimo más fácil que tratar de caminar.

El punto de partida.

El rover lunar fue un vehículo de cuatro ruedas utilizado en la Luna durante las posteriores misiones Apolo. El primer dilema para los ingenieros fue llevar el rover hasta allí. Para ello, el rover lunar tenía un chasis articulado de aleación de aluminio que podía plegarse podía en un espacio de 1.5 metros de ancho y medio metro de alto, para su almacenamiento en el Módulo Lunar.

Los Laboratorios de Investigación de Defensa de General Motors en Santa Bárbara, California, diseñaron y suministraron el sistema de movilidad que incluía las ruedas, motores y suspensión, mientras que Boeing en Seattle, Washington, se encargó de la electrónica y el sistema de navegación.
La fabricación y ensamble general del chasis de los vehículos lunares se llevó a cabo en las instalaciones de Boeing en Huntsville, Alabama, y las pruebas de vehículos se realizaron en las instalaciones de Boeing en Kent, Washington. Desde el momento en que ganaron el contrato, Boeing y GM tuvieron 17 meses para entregar el primer rover lunar para el Apollo 15.

Impulsados por cuatro motores de corriente continua, eran capaces de entregar 0.25 caballos de fuerza a las 10,000 rpm, para un total de apenas un hp, alimentados por dos baterías de plata-zinc con hidróxido potásico. En el papel, ofrecían una autonomía teórica de 91 kilómetros, aunque la distancia más larga recorrida fue de 33.88 km durante la misión Apolo 17, que llevó a los astronautas hasta 7.5 km de distancia del Módulo Lunar, también durante el Apolo 17.

Los rovers fueron diseñados para desarrollar una velocidad máxima de alrededor de 12.87 km/h, pero el astronauta Eugene Cernan alcanzó una velocidad máxima de 18 km/h, lo que le convirtió en el actual poseedor del récord de velocidad en la Luna.

Las ruedas únicas del rover fueron desarrolladas por el ingeniero de General Motors, Ferenc Pavlics, quien lideró el equipo de diseño del sistema de movilidad. Consistían en un rin de aluminio, al que se montaba una rueda de 32 pulgadas de diámetro por 9 pulgadas de ancho, hecha de hilos de acero tejido recubiertos de zinc. Sobre esta malla se instalaron placas de titanio para proporcionar tracción al vehículo.

Las maniobras se controlaban mediante el uso de motores de dirección delantero y trasero. Las ruedas delanteras y traseras podían girar juntas en direcciones opuestas, para lograr un radio de giro reducido, o individualmente. En caso de alguna falla de la transmisión, estaban diseñados para mantener el control de la dirección.

Se construyeron cuatro rovers, tres de los cuales fueron transportados a la Luna en las misiones Apolo 15, 16 y 17. El cuarto rover se utilizó como piezas de repuesto cuando se cancelaron misiones Apollo adicionales. En 1975, la NASA lo transfirió al National Air and Space Museum en Washington DC, Estados Unidos. Los tres rovers se quedaron en la Luna y el cuarto fue desmontado para piezas. Los rovers pesaban 210 kilos en la Tierra y solo 35 kilos bajo la gravedad lunar, con una capacidad de carga útil de 489 kilos (81 kilos en la Luna).

Lanzado el 26 de julio de 1971, la tripulación del Apollo 15 estaba compuesta por los astronautas James A. Irwin, David R. Scott y Alfred M. Worden, equipados para una estancia prolongada en la Luna, transportando más equipo que en misiones anteriores. El módulo de alunizaje, Falcon, aterrizó el 30 de julio, permitiendo a la tripulación realizar extensas actividades científicas durante casi tres días. Sus cámaras permitían a los espectadores en la Tierra desplazarse por la superficie lunar.

La operación del rover lunar durante la misión Apolo 15 fue una de las principales razones por las que el viaje fue considerado un gran éxito, aunque no estuvo exento de contratiempos. Por ejemplo, el astronauta Dave Scott descubrió rápidamente en el primer viaje que el mecanismo de dirección delantero no funcionaba, pero que el vehículo aún podía conducirse sin problemas gracias a la dirección trasera. En cualquier caso, el equipo logró finalmente solucionar el problema y completar sus tres viajes planeados para recoger muestras de suelo y tomar fotos.

El contrato original era de 19 millones de dólares y exigía la entrega del primer vehículo antes del 1 de abril de 1971, pero la factura final se acercó a los 38 millones. Además de los cuatro rovers lunares, se construyeron varias versiones de entrenamiento y pruebas, incluyendo un modelo estático para ergonomía, una unidad de ingeniería, dos modelos gravitacionales de un sexto para probar el mecanismo de despliegue y un entrenador de 1G, para proporcionar a los astronautas la experiencia de conducir el vehículo sobre superficies terrestres que coincidían con el paisaje lunar.

Para desarrollarlos y probarlos, el Centro Marshall construyó un simulador de superficie lunar que imitaba el entorno lunar con rocas y cráteres.

Aunque era difícil intentar tener en cuenta todas las variables que se podrían encontrar, los investigadores sabían algunas cosas con certeza. La falta de atmósfera, una temperatura superficial extrema aproximada de 121 grados centígrados y una gravedad muy débil significaban que un vehículo lunar debía estar completamente equipado con sistemas avanzados y componentes de gran resistencia.

Teóricamente, los astronautas pudieron haber ido más lejos, pero mantuvieron un alcance limitado para asegurarse de permanecer a una distancia caminable del módulo lunar, por si el rover se dañaba inesperadamente. De todas las mejoras que trajeron las tres últimas misiones Apolo, como un módulo lunar mejorado, mejores trajes espaciales, maquinaria y suministros más capaces en las mochilas de los caminantes lunares, la incorporación más potente fue el rover.

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/CR

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