facebook comscore
Charros y Gangsters en una Aldea de por aquí Cerquita

Charros y Gangsters en una Aldea de por aquí Cerquita

Columnas martes 11 de agosto de 2020 - 19:14

El genial escritor Óscar Wilde tardó 122 años en ser indultado por el gobierno británico.

¿De qué lo acusaron en su momento?

De ser homosexual.

De él es un verso que tiene que ver con nuestros personajes de este ejercicio de periodismo ficción:

“Un amor que no se atreve a pronunciar su nombre”.

Las dos son mujeres maduras.

Independientes.

Y ambas disfrutan su amor con toda la legitimidad del mundo.

No vivimos en una aldea para juzgarlas.

El amor homosexual o lésbico es tan legitimo como el amor heterosexual.

Los homofóbicos —que abundan— son aldeanos que se van quedando solos.

De vez en cuando todavía hacen mofa o discriminan a quienes viven un amor homosexual.

Al hacerlo exhiben su ignorancia, sí, pero también su miedo a encontrar su lado homosexual.

Un homofóbico —dicen los freudianos— es un homosexual en potencia.

Hasta 1973 se creía en Estados Unidos que la homosexualidad era una enfermedad mental.

Ese año fue desclasificada como tal.

La Organización Mundial de la Salud tardó unos años más en hacerlo.

Lo hizo hasta 1990.

Vuelvo a nuestros personajes de este ejercicio de periodismo ficción.

Son dos damas maduras que viven intensamente ese amor que no se atreve a pronunciar su nombre.

Son mujeres libres, inteligentes, dueñas de una confianza enorme.

Sólo un problema tienen.

Una de ellas es la novia de la madre de una mujer que tiene la responsabilidad de gobernar una aldea, y de darle, entre otras cosas, la certeza de la seguridad pública.

Y la encargada de este último tema es precisamente ella: la novia, la mujer, la pareja.

Es aquí cuando todo se descuadra.

Y la novela de amor se convierte en un conflicto de interés.

Y aunque no haya papeles de por medio, surge, inevitable, la sombra del nepotismo.

Cuando la pareja de su madre llegó al cargo que hoy ocupa ya era eso: la pareja de su madre.

Es decir: arribó al cargo con un conflicto de interés visible.

Más allá de sus credenciales profesionales, algo en el nombramiento estuvo mal.

El conflicto de interés nació en ese momento.

Muchas cosas han pasado desde entonces.

Fuerzas superiores —el rey y sus asesores— han exigido el cambio no por razones homofóbicas ni nada que se le parezca.

Lo han hecho por un tema central: la notable y galopante inseguridad pública y la constancia de contubernio entre grupos criminales y la autoridad señalada.

¿Cuáles son los factores que impiden el remplazo?

¿La rebeldía institucional o la influencia brutal de la pareja funcionaria?

Este conflicto de interés descompuso las cosas entre el rey y la autoridad de la aldea.

Nada ha vuelto a ser igual desde entonces.

Al contrario: todos los días se desarregla más.

¿Quiénes son los perjudicados?

Los habitantes de la multicitada aldea, quienes no saben por qué la autoridad no da el paso necesario.

He ahí la razón central por la que el rey tuvo que intervenir en el tema de la seguridad pública y componer lo que descompuso el conflicto de interés.

¡Viva el amor!

¡Viva el amor amoroso de las parejas pares!

(Oh, López Velarde).

¡Viva la libertad sexual!

Sí, claro, por supuesto.

Pero todo esto no puede justificar los malos resultados, la connivencia, los arreglos oscuros entre la autoridad y los grupos criminales: el solapamiento tan visible.

Sé que el hipócrita lector entenderá estas polémicas palabras.

Envie un mensaje al numero 55-12-88-20-96 por WhatsApp con la palabra SUSCRIBIR para recibir las noticias más importantes.

/CR

Etiquetas


Notas Relacionadas
La ideología, un placebo Columnas
2020-09-29 - 00:55
Sin rechazar la vanidad Columnas
2020-09-28 - 15:42
Nos está alcanzando el futuro Columnas
2020-09-28 - 02:12
+ -