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La emergencia a la que no le temen

La emergencia a la que no le temen

Puebla viernes 10 de abril de 2020 - 05:37

Por: Guadalupe Juárez


Al norte de la ciudad de la capital poblana, hay quienes poco les importa tomarse de la mano, besarse en la calle, platicar en una banca, ir al súper con sus hijos de la mano o con adultos mayores, como si fuera un paseo. Las filas fuera de los bancos y cajeros, así como la de las tortillas están conformadas de una persona pegada con la otra sin distinción.

En las plazas aún hay quienes en pareja toman un café o van a ver a través de los aparadores los celulares y la ropa, aunque la mayoría de los comercios estén cerrados. Las cortinas con carteles de que tuvieron que cerrar por la contingencia, no asustan a quienes sonrientes desayunan en la intemperie o caminan hasta Los Fuertes para pasear a sus mascotas o aquellos que pasen en bicicleta.

En los mercados, los comerciantes trabajan porque un día sin hacerlo, significa no comer, aunque eso implique que se encuentren en riesgo.

Hay otros que prefieren decir que el virus no es real y que, de serlo, preferirían contraerlo que no salir a trabajar y confinarse en su casa e igual morir.

Josefina tiene 76 años de edad, vende verduras en el Mercado Ignacio Zaragoza y hoy trabaja sólo con un cubrebocas como protección. Me dice que lleva 45 años dedicada al comercio y al igual que la mayoría de los comerciantes tiene que trabajar para llevar dinero a su casa.

“Si me muero de que no salgo, mejor salgo aunque me voy a morir”, suelta, mientras asegura que envidia a sus conocidos de su pueblo, que le cuentan que en Huixcolotla la vida es normal.

En los pasillos, entre la fruta, las piñatas, los puestos de pollo y carnicerías, un grupo de trabajadores del Ayuntamiento pasan con papel en mano revisando la “limpieza” de los espacios, pero entre ellos mismos no respetan la “sana distancia”, porque van pegados uno tras de otro.

Los pocos clientes que llegan, llevan mascarillas y cubrebocas y la mayoría van solos sin sus familias o menores. Felipe Arteaga, de 65 años de edad, comerciante, lamenta que la pandemia haya afectado sus ventas y aun más que puede afectar su salud. Por eso dice que él sólo del trabajo regresa a casa y dice que si no tuviera que salir a vender el pollo en su espacio en el mercado, se quedaría en su hogar, no como a quienes ve salir sin necesidad de hacerlo.

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HG/CR

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