Por Guadalupe Juárez
La fiesta en la Avenida Juárez se adelantó a la 1 de la tarde con ánimo pambolero. Jóvenes hacían fila y pasaban por el filtro de los cadeneros para poder ver el primer partido de México contra Sudáfrica a través de las pantallas y proyectores que instalaron los comerciantes sin miedo.
Las familias caminaban a lo largo de la vialidad para buscar en qué lugar ver la justa deportiva de este año, mientras los empleados de restaurantes y los centros nocturnos se peleaban por llamar su atención, promociones, paquetes y un simple "ya quédense, está por empezar".
Las playeras no bastaron para mostrar la pasión por el futbol, los comensales se sentaron a degustar el menú de comida o una bebida con pelucas tricolor con sus matracas en mano y banderas colgadas a la espalda.
Apenas se escuchó el silbatazo del arranque del partido y los clientes de los bares chiflaron, aplaudieron y gritaron de emoción ante la fiesta del futbol.
El primer gol hizo que sonarán sus matracas sin empacho y el grito de celebración que indicó el triunfo inundó de inmediato cada comercio.
A lo largo de la Avenida Juárez los comerciante de banderas, trompetas y matracas aprovecharon la afluencia de los aficionados para ofrecer sus productos, a los que transeúntes y automovilistas se rindieron para mostrar su apoyo a su equipo.
Los centros nocturnos que, por lo regular, esperan a estudiantes de las universidades cercanas, cambiaron su fachada con imágenes de personas vistiendo las playeras de otros países o con las banderas ondeando de otras naciones.
Algunos más prefirieron cambiar la música de reguetón por cielito lindo y subir el volumen a las pantallas de 60 pulgadas para escuchar a los comentaristas.
El juego avanzó, el grito de otro gol se ahogó, la primera parte terminó y los comensales tuvieron que guardar los festejos para más tarde.