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El zócalo y la voz feminista

El zócalo y la voz feminista

Puebla lunes 09 de marzo de 2020 - 19:19

Por: Jaime Carrera

El zócalo de Puebla se encuentra a su máximo esplendor, decenas de personas conviven, charlan o beben un café en Los Portales. Otros más, solitarios, sentados en las bancas leen periódicos en cuyos mares informativos sobresalen palabras como: mujeres, violencia, marcha, feministas.


Sí, el feminismo no tiene vuelta atrás.

Mientras ello ocurre, el corazón de la capital poblana se tiñe de morado, se viste de lucha, allí se busca la reivindicación de una sociedad por donde se le vea, ávida de justicia, de igualdad.

Ante las miradas atónitas de los transeúntes, integrantes del Frente Feminista Radical Puebla (FFRP) circundan un tramode la avenida Juan de Palafox y Mendoza.

Desde temprana hora, los mensajes de resistencia se hacen presentes en lonas y cartulinas.

Hay una dualidad latente en el primer cuadro de la ciudad.

El feminismo está presente, tangible, y resalta la importancia del reconocimiento de distintas mujeres, de sus identidades, cuerpos y necesidades; elementos que, unidos, cobijan un mismo objetivo.

De fondo y a un costado de la catedral suena la Banda Sinfónica Municipal, al otro extremo, resuena la sororidad bajo una misma causa, hacer visible lo invisible.

En tanto, a las afueras del Palacio Municipal —como nunca antes— penden las banderas de la comunidad LGBT+, feministas,
pro aborto y transexual.

Simultáneo a las actividades del FFRP, previo a la marcha del 8 de marzo, señores deambulan con el entrecejo fruncido y mujeres se conflictúan ante los mensajes de exigencias y demandas, aunque en el fondo, algunas abrazan la causa desde su origen.

“Las niñas, no se tocan. Las niñas no se violan. Las niñas, no se matan”, cuelga una manta en las letras de PUEBLA. Tendederos
con consignas atraen a propios y extraños, digieren la información, unos la asimilan, otros la dejan pasar.

En pares y en minoría, los hombres se cercan al sitio, se deconstruyen, aunque aún yacen envueltos en las masculinidades de antaño que poco a poco se vuelven frágiles, al menos en esa zona de la ciudad.

Unos, rabiosos murmuran, se quejan y se retiran.

EL FEMINISMO, SIN MARCHA ATRÁS
Las horas pasan y el ruido incrementa, sobre todo, el de los señalamientos: “Las matan porque ellas se exponen”, dice en voz baja un hombre de unos 50 años, una mujer escucha, revira, y responde “nos matan por ser lo que somos: mujeres”.

Detrás de esa escena en el espacio cercado, los prejuicios no tienen cabida.

El hartazgo sí, y se ve reflejado en el altar que el FFRP levanta en memoria de las mujeres víctimas de la violencia que fueron asesinadas. Una cruz de flores y veladoras enmarcan el dolor por años acumulado.

Previamente, un mural feminista en el que se observan puños cerrados en lo alto había sido colocado, antecedido por el conversatorio “Somos malas, podemos ser peores” que introdujo a las presentes al concepto de feminismo radical.

“Nunca nadie nos va a callar”, se lee en diversos cárteles. “La dinámica es visibilizar a las mujeres y visibilizar que es
posible hacer otro mundo para las mujeres”, señala Montreal, activista del FFRP.

Sí, el feminismo no tiene vuelta atrás.

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HG/CR

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