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Del fin del Patriarcado al gobierno obrero

Del fin del Patriarcado al gobierno obrero

Puebla lunes 09 de marzo de 2020 - 18:54

Por: Mario Galeana


A las 4:40 de la tarde del domingo 8 de marzo dos enormes contingentes entraron al Zócalo de Puebla bajo la luz diurna del atardecer. El vocerío de sus proclamas precedió su arribo porque el sonido rebotaba a lo largo de los edificios, y ya desde entonces anunciaban que serían miles.

En medio de la plancha quedaron envueltas familiares de mujeres desaparecidas y asesinadas, colectivos de universitarias y artistas, feministas radicales que, a mitad de la calle montaron un cerco para establecer un espacio separatista en el que sólo entraran mujeres.

El cartel que rodeaba ese cerco indicaba que ningún otro hombre accedería a ese espacio, ni ninguna otra “disidencia” o “autopercepción”, dos eufemismos para decir que tampoco las mujeres trans eran bienvenidas a ese reducto en medio de la marcha gigantesca.

Desplegadas a lo largo de las calles, avanzando lentamente hacia el centro, otras multitudes iban agolpándose en el Zócalo. Eran organizaciones de mujeres trans, asociaciones encabezadas por exfuncionarias y muchísimas otras que no pertenecían a ninguna organización, pero que habían decidido marchar ese domingo.

Muy al fondo, sin la vitalidad del resto de la multitud, unos 400 hombres de la Unión Popular de Vendedores Ambulantes (UPVA) 28 de Octubre caminaban también hacia el Zócalo. Era peculiar la diferencia entre sus proclamas: mientras que ellos azuzaban con sus palabras la la conformación de un gobierno “obrero, campesino y popular”, con un tono monótono y aprendido con el paso de las décadas, el resto de la multitud clamaba el fin del patriarcado y la lucha feminista en América Latina entre aplausos, vítores y saltos.

Poco a poco, mientras el mitin de ellas avanzaba, los hombres se dedicaron a mirar con extrañeza todo el fulgor de la multitud, y optaban por buscar un resquicio de sombra para sentarse, imperturbables, mientras se rascaban la barbilla.

Hace unos ocho años, el movimiento feminista en Puebla no superaba una o dos docenas de mujeres que periódicamente se plantaban frente al Congreso local o a lo largo de unos 15 metros cuadrados del Zócalo para exigir justicia para las mujeres asesinadas, o bien, una reforma para despenalizar el aborto en el estado.


Pero el movimiento fue macerándose lentamente, fue creciendo cada año hasta llegar a ser lo que ayer fue: un amasijo de miles en donde lo mismo cabían organizaciones de jóvenes universitarias que feministas radicales o vendedoras ambulantes.


No todos se identificaban plenamente con el feminismo, pero sí con la violencia.


Aquel rayo las había alcanzado a todas de una u otra forma.


Hace más de dos años, por ejemplo, la violencia feminicida tocó el corazón de la 28 de Octubre. Meztli Omixóchitl Sarabia Reyna, de 41 años, madre de tres niños, hija del histórico líder Rubén Sarabia Sánchez Simitrio, fue asesinada en las oficinas del Mercado Hidalgo. Y entre cada uno de aquellos contingentes podían contarse historias así: historias de acoso, de desapariciones, de feminicidios… historias de impunidad.


La convocatoria para la marcha en conmemoración del Día Internacional de la Mujer fue reflejo de la diversidad de todos esos grupos.


El documento estaba signado por la organización El Taller, cuyas integrantes caminan entre el feminismo radical y el lesbofeminismo; REDefine Puebla, de formación plural, abocada a la promoción de los derechos sexuales y reproductivos; Coatlicue Siempre Viva, ligada a la disidencia universitaria de la BUAP; Colectiva ADA, integrada por artistas; y CAFIS AC, que ha investigado la violencia política en el estado.


También incluía a la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito; Odesyr, que ha documentado los feminicidios en Puebla desde hace ocho años; la UPVA 28 de Octubre, integrada por vendedores ambulantes; y, entre otras organizaciones, el Frente Feminista Radical, que sólo reconoce el derecho de aquellas que nacieron siendo mujeres.


No muchas organizaciones respaldaron la inclusión de la UPVA, ni mucho menos la participación de cientos de hombres adscritos a ella. Y sin embargo marcharon.


Tantas corrientes representadas en esa multitud: una multitud histórica, avasallante, desparramándose a lo largo de las calles, sobre la plaza, en medio de las sombras recortadas de los portales, bajo las copas de los árboles mecidas por el aire del atardecer.

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HG/CR

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