Por: Mario Galeana
El Paro Nacional de Mujeres de hoy supone un escenario inédito en la vida del estado y del país. Surgió a propuesta del colectivo regional Las Brujas del Mar, fincado en Veracruz, y su convocatoria se extendió por todo México.
Ocurrió tan rápido y con tanta fuerza que tanto los gobiernos como las empresas han tratado de institucionalizarlo.
Abundan los comunicados en los que, benévolos, gobiernos e industrias dan “permiso” a sus trabajadoras de ausentarse este día.
Liz Ruiz, directora de la asociación civil Equilátera, dedicada a la educación para la paz y la sexualidad, cree que la convocatoria fue tan vasta debido a su carácter pacífico, pero también por el registro incesante de feminicidios, como el de Ingrid Escamilla.
“La razón de éste y de todo tipo de protestas es porque hay necesidad de resistir a la violencia sistemática contra las mujeres. Si un día me levanto y no hay feminicidios en el mundo, ni brecha salarial entre hombres y mujeres, ni violencia entre parejas, ni ningún tipo de violencia contra la mujer, hasta ahí llegó el feminismo: no habría más necesidad de hacer un evento conmemorativo”.
Samantha Páez, directora del Observatorio de Violencia de Género en Medios de Comunicación (Ovigem) ha analizado cuál es el tratamiento mediático de los feminicidios. Reconoce que la protesta ha sido utilizada por actores políticos, pero su legitimidad se ha mantenido intacta por el hecho de que fue convocado por mujeres, para mujeres.
“Este paro es una propuesta hecha desde hace ya varios años atrás. Lo que veo es que, a diferencia de esos años, en esta edición hay muchos actores que no son forzosamente feministas que nunca han sido aliados o aliadas, pero que están tomando esta imagen para su propio posicionamiento político, sea personal o grupal”, explica.
Natali Arias, directora del Centro de Análisis, Formación e Iniciativa Social (CAFIS), una asociación civil que ha investigado la violencia política de género en Puebla, resalta que el paro nacional ha logrado sumar a círculos que antes no participaban de manera directa en la lucha contra la violencia de género, como instituciones públicas o escuelas de distintos niveles.
“Hace muchos años teníamos que tocar muchas puertas para que de todas formas no nos hicieran caso. Creo que hoy contamos con condiciones distintas para poder denunciar. Hay un cambio en cuanto al movimiento feminista y cómo las instituciones reconocen este movimiento”.
SI NO SE PUEDE PARAR, QUÉ?
El movimiento feminista, no obstante, es tan divergente que no hay una postura absoluta sobre el paro nacional. Algunas mujeres han considerado que el cese de las actividades laborales no es factible para quienes necesitan una paga diaria.
Páez no está completamente de acuerdo con esta tesis. “De forma histórica, los paros o las huelgas no necesariamente se asocian con sectores privilegiados; hay comunidades que se manifiestan y dejan de hacer actividades productivas como forma de presión”.
“El paro no es un llamado a quedarse encerrado, sino a utilizar este día como protesta”, matiza Arias. Aquellas que no puedan parar pueden ir vestidas de cierta forma, o pueden aplicar un apagón en redes sociales. El asunto es confluir todas estas posibilidades para manifestarse”. Ruiz la secunda: “Hay personas que están resistiendo de otras formas. Hay algunas que hacen pintas o queman inmuebles o camiones. Hay algunas que dan talleres de sanación o que atienden la violencia directa contra mujeres a nivel jurídico o psicológica. Hay muchas formas de protestar, de hacer una laboral respecto, y ninguna será absoluta o universal para todas las mujeres”.