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Tiraditos

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Puebla jueves 14 de octubre de 2021 - 23:00

POSTURAS PÚBLICAS

•El presidente Andrés Manuel López Obrador se subió al ring de la disputa que se vive en la familia Jenkins de Landa por un desfalco de 720 millones de dólares a la Fundación Mary Street Jenkins. Porque hay un punto que se ha olvidado: el conflicto inició por diferencias al seno de la familia sobre la herencia del patriarca William O. Jenkins. Eso detonó una serie de pleitos legales que tienen a varios de sus integrantes escondidos o dados a la fuga por las órdenes de aprehensión que existen. Esa disputa y el mecanismo que se utilizó para sacar los más de 34 mil millones de pesos del patrimonio de la fundación dieron pie para que las autoridades procuraran salvaguardar un patrimonio que, en estricto sentido, no le pertenece a la familia sino a la fundación. Que haya un patronato que lo administre es otro asunto, pero si los patronos hacen todo lo posible para quedarse con ese dinero, estamos frente a una actuación punitiva y mucho más si para lograrlo cuentan con el respaldo de la autoridad en turno. Aunque la familia Jenkins de Landa, a través de sus histéricos corifeos, pretende desviar la discusión e involucrar al gobierno del estado, ayer el presidente de la República prácticamente sostuvo la misma postura que el gobernador Miguel Barbosa Huerta: que sean las instituciones de justicia las que le den la razón a quien la tenga, pero la autoridad tiene la obligación de velar que todo marche conforme a la ley. Este pequeño detalle es el que han escondido muy bien los familiares del patriarca Jenkins, de ahí que un asunto que inició al seno de una familia derivó en una disputa jurídica en la que hay más sospechas que certezas de buena voluntad o acciones filantrópicas.

DESFACHATEZ EXTREMA

•En su última sesión de Cabildo, la alcaldesa Claudia Rivera Vivanco dejó en claro que lo suyo es la desfachatez. En tres años no le importó en lo mínimo cuidar la investidura que se le encomendó y terminó con una imagen por los suelos. El asunto se torna más grave cuando la justificación a todos los señalamientos por su desgobierno se reduce a la violencia política de género. Y como lo hemos dicho en este espacio: no se le critica por su condición de mujer sino por la ramplona corrupción que privó en su gestión, el encubrimiento de la misma y solapar todo aquello a lo que dijo combatir. ¿Cuál fue la última maquinación de la alcaldesa? Hacer compras de pánico. Gastar, gastar, gastar aunque no se necesitara, se quedara el dinero comprometido y ni siquiera eran adquisiciones necesarias. Entre los gastos que están siendo investigados se encuentran más de 400 millones para pagar viajes a los regidores (obvio, sus consentidos y cómplices), comprar condones y lubricantes. Sobre este último punto salta una cuestión: Rivera Vivanco se ufana de ser una activista pro-aborto, defensora de la comunidad lésbico-gay y feminista, pero nunca la vimos haciendo campañas de prevención del embarazo, repartiendo los preservativos que compró y menos pagando cursos en la materia. Tal vez, la gota que definirá su gobierno será la sonrisa desfachatada que ofreció antes de irse. Una risa que envuelve todo: frustración, ira, soberbia, revanchismo. La pregunta es sencilla: ¿Qué le hicieron los ciudadanos para tener un gobierno tan miserable como el encabezó?


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HG/CR

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