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“Tengo Covid y estoy muriendo”, su último texto

“Tengo Covid y estoy muriendo”, su último texto

Columnas domingo 24 de enero de 2021 - 23:10

“Tengo Covid y estoy muriendo”, con ese mensaje Armando (radioescucha de Oro Noticias) me contactó a través del chat de Facebook, la tarde del 17 de enero. Sin ambulancias y hospital disponible, el caso se volvió más desesperante porque su oxigenación era menos de 50.

Su esposa también con Covid-19 tenía las manos atadas para llevarlo por cuenta propia a un hospital. El mayor temor de Armando era perder la vida en su casa, sin ayuda médica.

Cumplió 11 semanas con daño pulmonar. Siete días antes de buscarme acudió a La Margarita pero sin camas desocupadas fue imposible recibirlo, de modo que regresó a su domicilio donde su salud se fue deteriorando hasta el punto de sentir la muerte.

En esos días compraron un tanque de oxígeno que les costó 28 mil pesos, insuficiente para ambos adultos enfermos. Él requería la intubación y así fue. Con apoyo de la Secretaría de Salud y del Seguro Social, Armando ingresó la noche del domingo al área Covid de La Margarita.

Dos días después, su esposa llamó para compartirme que su marido se encontraba estable. Ambas celebramos la noticia porque había esperanzas de recuperación. Hablé con la mamá de Armando y también tenía fe de que su hijo superaría esta prueba atroz porque lo había puesto en manos de Dios.

Lamentablemente el Covid-19 se llevó la vida de Armando el 22 de enero. Dejó una esposa viuda, una madre inconsolable y a una niña de 5 años huérfana. Jamás olvidaré ese mensaje con el que abrí la columna. No es fácil asimilar la muerte tan seguida. Tres semanas antes fue la mamá de una compañera de trabajo y dos semanas después la madre de otro gran amigo, cuyo papá aún se debate entre la vida y la muerte.

El Covid-19 ha dejado más de 149 mil familias rotas en México; duelos difíciles de cerrar porque no hubo tiempo para despedidas; ni un último abrazo, ni un beso. Gente inocente que enfermó por la irresponsabilidad de otros, por salir sin necesidad o por negarse a utilizar el cubrebocas y guardar la sana distancia.

Tengamos mayor convicción por valorar la vida, la felicidad, la familia. Invirtamos el tiempo en pensamientos positivos, enfrentemos la realidad sin pánico. La vacuna no será la solución definitiva. Sigamos cuidándonos, solo así podremos salir adelante, si cada uno vela por su salud y la de los suyos.

A todas aquellas personas que han experimentado de cerca esta terrible pandemia, les envío un abrazo fraterno.


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/CR

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