La automatización dejó de ser una promesa lejana para convertirse en el pulso cotidiano de la industria en el norte del país. En Coahuila, varias plantas manufactureras, centros logísticos y cadenas automotrices ya incluyen inteligencia artificial, análisis de datos y robótica en su operación diaria.
Debido a esta integración, el Estado abrió un debate inédito al discutir una iniciativa de Ley Estatal de Gestión Responsable, Segura y Ética de la Industria Inteligente, un marco que busca regular el uso de tecnologías avanzadas en los procesos productivos.
Para el empresario lagunense Nesim Issa Tafich, la discusión marca un punto de inflexión en la forma en que la región entiende su desarrollo industrial.
La iniciativa establece reglas claras para quienes usan sistemas de industria inteligente en Coahuila. Incluye un sistema para evaluar riesgos, tomando en cuenta la seguridad, la salud y los derechos de las personas.
Además, prevé la creación de un órgano especializado para supervisar su implementación, clasificar los sistemas según su nivel de riesgo y actuar ante incumplimientos. En un entorno donde la innovación y tecnología suelen avanzar más rápido que las normas, el proyecto busca cerrar esa brecha.
“La regulación de la IA y otras tecnologías en diversas industrias no debe verse como un obstáculo, sino como una condición para que la innovación sea sostenible”, señaló Nesim Issa Tafich. “Cuando las reglas son claras, las empresas pueden invertir con mayor certidumbre y la sociedad entiende mejor cómo se usan las tecnologías que impactan su vida cotidiana”.
El proyecto incorpora principios que hoy forman parte del debate internacional sobre la gobernanza de la inteligencia artificial: evaluaciones periódicas de impacto, responsabilidades internas en materia de ética tecnológica, auditorías de conformidad y mecanismos para reducir sesgos en sistemas automatizados.
También reconoce el derecho de las personas a conocer cuando una decisión relevante ha sido tomada por un sistema automatizado y requiere intervención humana en casos de alto impacto.
Desde el punto de vista empresarial, la iniciativa sube el estándar en sectores que usan mucha tecnología. Coahuila es un centro de fabricación avanzada y logística, actividades que dependen cada vez más de sistemas automatizados para ser más eficientes y competitivos. El reto es lograr fábricas más productivas sin trasladar riesgos legales o sociales a las comunidades donde operan.
“La competitividad ya no se juega solo en costos o en infraestructura, sino en la confianza que genera el entorno regulatorio”, apuntó Nesim Issa Tafich. "Las empresas globales buscan marcos previsibles para operar con tecnologías sensibles. Un estado que ofrece reglas claras y mecanismos de supervisión sólidos se vuelve más atractivo para inversiones de largo plazo".
El alcance de la iniciativa no se limita al sector privado. También contempla su aplicación en actividades gubernamentales y profesionales, e incorpora derechos ciudadanos vinculados al uso de sistemas automatizados.
Para el líder de Grupo SIMSA, el reto será llevar la norma del papel a la práctica: "Promulgar una ley avanzada es apenas el primer paso. Hace falta fortalecer las capacidades técnicas de las autoridades, formar talento especializado en las empresas y construir una cultura de cumplimiento que entienda la ética tecnológica como parte del negocio".
La discusión que hoy se abre en Coahuila rebasa el ámbito local. En un país donde la regulación de la inteligencia artificial sigue fragmentada, el intento de articular un marco integral para la industria inteligente coloca al Estado en una posición de vanguardia. La forma en que se resuelva marcará, en buena medida, el tono del desarrollo industrial que vendrá en la próxima década.