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Me llamo Montserrat

Me llamo Montserrat

Columnas miércoles 12 de enero de 2022 - 23:01

HÉCTOR

Mi nombre es Montserrat… tengo 45 años y en lugar de estar escribiendo sobre historias ajenas o situaciones de vida con tintes psicológicos, que he considerado que todos vivimos, mejor te voy a contar mi historia.

Estaba buscando un título diferente, especial, raro, pegajoso y muy original… pero mi único objetivo con estas letras es hacerte llegar mi historia de vida, la historia de Montserrat, una historia que quiero que sea fácil de leer, pero sobre todo con la que te sientas identificado; así que los títulos que buscaba no tienen nada que ver con la intención de estas líneas.

Me llamo Montserrat y cuando pienso en mi infancia me doy cuenta que tuve un papá muy trabajador al cual siempre describiré como esas personas generosas que se quitan el pan de la boca y que siempre están dispuestos a sacrificarse por su familia… ahora sé que se puede tener un equilibrio y que ver por uno mismo no tienen nada de relación con ser egoísta, pero eso es otro tema.

Mi papá fue educado peor que escuela militar. En su casa las madrizas eran pan de cada día, por lo que fuera, si no te acababas la sopa, si no te gustaba la avena, si se te había pasado lavar tu plato, si te habías salido a darle de comer a los gatos y perros de la cuadra y te habías distraído y se te había pasado el tiempo… regresando te esperaba el cinturón… ahora sé que lo único seguro que hacemos siendo niños es cometer errores… y en casa de mi papá, su hermano y él los pagaban caro.

La familia de mi papá era pequeña, solo tenía un hermano más grande, llamado Rodolfo, y mi papá se llama Héctor. Mi abuelo Diego viajaba y trabajaba toda la semana, como casi todos los padres de esa época… entre 1950 y 1965, así que en su casa lo veían poco, por lo que la responsable de la educación de los niños recaía totalmente en mi abuela Coca (Socorro).

Ellos tenían un matrimonio muy “apretado”. La relación que tenían con sus hijos era bastante seria, en esa época era imposible pensar que tus papás fueran cariñosos contigo porque eso era sinónimo de debilidad, y la educación era basada en el MIEDO. Si no le tenías miedo a tus papás no les tenías respeto… eran otras épocas y son temas actualmente MUY debatibles. Pero partamos de la idea que todos los papás hacemos lo mejor que podemos con nuestra caja de herramientas (la educación que tuvimos, el contexto en el que crecimos y la interpretación que le damos a la vida).

Se educaba a palos, con regaños y eran épocas donde los niños no tenían voz. No podían opinar sobre nada. No hablaban de lo que vivía cada uno en la escuela, si los hijos eran bulleados o no, eso no era importante. Lo único que importaba era tener muy buenas calificaciones pues la única responsabilidad que tenían los hijos era la de estudiar. Y por supuesto no cabía la mediocridad… todo lo que hiciera, cada uno, tenía que ser “perfecto”, tenías que ser perfecto en tu aspecto, la limpieza era básica, tenías que ser perfecto en tus modales y en la forma en que les hablabas a tus padres, en tus calificaciones, en tu comportamiento. Imposible pelearte con tu hermano delante de tus papás porque el cinturón se hacía presente.

Yo creo que esa época estaba plagada de soledad… cada quien vivía su vida y no podías quejarte pues era lo que te tocaba vivir y tenías que aceptarlo. Los roles estaban bien establecidos y nadie podía opinar… ¿pero tú, te has puesto a pensar cómo vivió su infancia tu papá?

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/CR

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