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Los Calzones de la Diana Cazadora y los Burócratas Criminales

Los Calzones de la Diana Cazadora y los Burócratas Criminales

Columnas lunes 19 de julio de 2021 - 18:15

En Puebla no tenemos a los magníficos pintores de la escuela oaxaqueña, pero tenemos a Lazcarro.

El maestro José Lazcarro.

Con él nos basta y nos sobra.

No sólo es el mejor pintor de Puebla.

Es, también, uno de los mejores pintores mexicanos.

Su obra tendría que ser un orgullo para todos.

No es así, por desgracia.

Luego de que Blanca Alcalá, a la sazón presidenta municipal de Puebla, echó a andar el horroroso Mercado de Sabores, el maestro Lazcarro pintó un mural de 270 metros cuadrados en la fachada.

(Escribí “horroroso”. Me explico. Entiendo que el maravilloso Mercado de San Miguel, ubicado en Madrid, sirvió de inspiración. Qué pena. Nuestro mercado no le llegó a los talones).

Originalmente en el mural se utilizaría la tradicional talavera poblana.

Pero no alcanzó el presupuesto del ayuntamiento de Blanca Alcalá.

Lazcarro recurrió entonces a los artesanos de San Matías Cocoyotla, en San Pedro Cholula, para conseguir el ya famoso mosaico hecho de barro —también llamado cerámica vidriada o mayólica—, mismo que aplicó sobre paneles de acero.

Su intención artística y lúdica fue hacer una deconstrucción gráfica de la comida poblana.

Y vaya que lo logró.

(Originalmente también el proyecto abarcaba una parte del interior del mercado, pero otra vez se acabó el presupuesto. La misma cantaleta de siempre cuando se trata de proyectos de excelencia).

Los años pasaron.

Blanca Alcalá dejó la alcaldía poblana en febrero de 2011.

Hace unos cuatro meses, el maestro Lazcarro salió de su cuarentena —esa cuarentena que no todos guardamos como se debe— para ir a comprarle cemitas a sus nietos.

Fue entonces cuando descubrió lo indescifrable.

Sobre su espléndida obra, un funcionario del ayuntamiento de Puebla mandó a colocar un espantoso letrero que anuncia lo obvio: “Mercado de Sabores Poblanos (Comida Típica)”.

Y debajo de esa aberración, faltaba menos, el logo del ayuntamiento de Claudia Rivera Vivanco.

El mural, queda claro, fue intervenido con la alevosía típica de los burócratas ignorantes.

Es como si a los murales de la Biblioteca de la UNAM –pintados por Juan O’Gorman— les hubiesen puesto un horroroso letrero que dijera lo que todo mundo sabemos que hay ahí: “Biblioteca de la UNAM”.

Es también como si a una de las grandes obras de Diego Rivera —Sueño de una Tarde de Verano en la Alameda, que estaba en el Hotel del Prado, en la Ciudad de México— le hubieran puesto encima un letrero que dijera “Bar Montenegro”.

El genio que osó dañar el mural seguramente se inspiró en el célebre letrero que data de 1860 y que fue colocado por un funcionario del ayuntamiento de Lagos de Moreno, Jalisco: “Este puente se hizo en Lagos y se pasa por arriba”.

¿O su musa inspiradora fue doña Soledad Orozco de Ávila Camacho, quien durante la presidencia de su esposo mandó ponerle calzones a la Diana Cazadora?

(Para fortuna del escultor Juan Olaguíbel —y de la nuestra propia—, el regente Alfonso Corona del Rosal mandó quitarle los calzones en 1967).

La grotesca intervención del mural del maestro Lazcarro quedaría en risas de no ser porque en esta trama cabe un delito.

Y es que su obra forma parte del Patrimonio Cultural de Puebla.

Qué buen problema se generó este ayuntamiento de tan triste memoria.

Una ocurrencia más antes de bajar el telón.

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/CR

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