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Las Últimas Horas

Las Últimas Horas

Columnas miércoles 13 de octubre de 2021 - 00:30

Las últimas horas son el síntoma de una catástrofe. Bastaron sólo 100 plazas otorgadas a familiares, amigos, porristas y cercanos al primer círculo de Claudia Rivera Vivanco para que la habitual complicidad de Gustavo Juárez Méndez, líder del Sindicato Único de Empleados y Trabajadores del Ayuntamiento de Puebla, se diluyera en una gresca palaciega. Quemas, consignas, manotazos y cristalazos operados por los trabajadores que hoy se hacen los agraviados sepultaron la ilusión de la activista con tuneo plástico, de la alfombra roja de la protección materna, y del mal gobierno de puertas abiertas.

A la mañana siguiente, mientras “las naranjitas” del servicio de limpia con los mismos salarios precarizados de hace tres años, se esfuerzan por no dejar rastro de la protesta; Puebla se prepara para hacer el recuento de los daños tras el paso de una kakistocracia de imbéciles encabezados por una feminista de anaquel. La responsabilidad frente a una ciudad abandonada, y en algunas zonas francamente destruida, es colegiada; tiene nombres y apellidos, funcionarios que jamás podrán borrar de su trayectoria que fueron incapaces de renunciar, de desmarcarse y limpiar su figura de un gobierno que efectivamente hizo historia provocando el desprecio más profundo de los poblanos.

Desde luego, entre el gran cúmulo de responsables hay nombres y figuras que brillan con luz propia: el legado de Lourdes Rosales al frente del grupo de carroñeros de la Secretaría de Seguridad Ciudadana es tan oscuro como sus declaraciones, siempre en un punto de indefinición entre el autismo y el cinismo: ¿de qué sirvieron las patrullas de lujo? ¿las fatigas por sectores?, ¿los posteos de su agencia de publicidad que eufemísticamente llamaron “comunicación social”?Para nadie fue un secreto que las detenciones de la dependencia quedaron ensombrecidas frente al numero creciente de la escalada delictiva,que tuvimos que andar por las calles de una ciudad con mayor percepción de inseguridad, y que el fracaso al combate de los sistemas ilegales es un hecho contundente.

A la lista de la vergüenza se suma otro personaje que destaca por ineptitud propia: Israel Román Romano. ¿Qué clase de descarado sigue cobrando su sueldo cuando en cada esquina, cada metro cuadrado de esta ciudad, convertida en una auténtica zona de desastre, existe un camellón sin podar, un bache sin atender, una luminaria que no funciona, un parque con meses de abandonado o un follaje sin recortar? Peor, mucho peor era cuando intervenían: Av. Circunvalación, Blvd. Xonaca, 5 de Mayo, Fidel Velázquez, Analco, el mismo Zócalo de la ciudad, quedan como mudos testigos de la improvisación municipal costeada con el predial de todos los poblanos.

Podría ocupar toda una plana para hablar sobre los vicios, las extorsiones y el trafico de influencias de Gobernación Municipal, primero a cargo de René Sánchez Galindo y recientemente a las órdenes de Catalina Pérez Osorio; lo primero fue una tragedia, lo segundo rápidamente se convirtió en una farsa. Bajo estas dos figuras los tianguis de Loma Bella y San Isidro gozaron, en plena pandemia, de cabal salud. Hoy los ambulantes de las calles de Puebla han extendido su oferta y el cúmulo de sus servicios: armas, droga, celulares robados, calzado, ropa, mascarillas KN95, chalupas, taquitos de canasta, aguas locas y en temporada hasta chiles en nogada. ¿Dónde habrán ido a parar los millones de pesos producto de las cuotas que, a cambio de enmugrar el centro histórico, cada uno de estos pobres hombres tuvieron que dar a sus organizaciones y, por debajo del agua, a los inspectores municipales?

No me alcanzaría toda la plana para hablar de bolardos encubridores de déficit presupuestal, de las ciclovías a producto de gallina, de semáforos en paro técnico o mal sincronizados, de todas las franjas peatonales que jamás se pintaron y de cada una de las banquetas que nunca se remozaron; todo a cambio de los sueños húmedos de movilidad no motorizada de Eduardo Covián y de sus aplaudidores a sueldo que nos costarán litros y litros de gasolina quemada por haber intervenido en vialidades claramente saturadas. Ese era parte del berrinche: hacerle un infierno al automovilista para obligarnos a andar en bicicleta. Suerte en el país de nunca jamás.

Todos ellos y todos los que me faltaron, todos los que tomaron decisiones al interior de Palacio Municipal son, junto con Claudia Rivera, responsables de la catástrofe que nos heredaron. Queda la impronta como recuerdo, por que a ninguno de ellos los ciudadanos les vamos a dejar olvidar la mierda a la pertenecieron.

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/CR

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