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La Oradora Sonriente (¿De qué se Ríen los Perdedores?)

La Oradora Sonriente (¿De qué se Ríen los Perdedores?)

Columnas domingo 01 de agosto de 2021 - 18:24

Dos enemigos conspicuos del gobernador Miguel Barbosa Huerta fueron invitados a compartir escenarios con él durante la celebración de los 160 años del nombramiento como ciudad de Huauchinango: Claudia Rivera Vivanco y David Méndez Márquez.

El gobernador anunció que no podría asistir al acto, pero los aquí citados no tardaron en confirmar.

La avanzada de la alcaldesa en retiro llegó horas antes y preparó la recepción como si se tratara de la llegada de una gobernadora.

Todo querían saber:

Dónde se sentaría, al lado de quiénes y con cuántos minutos contaba para su discurso.

Una nube de auxiliares la cubrió apenas bajó de su camioneta.

Ella, como si hubiese ganado el 6 de junio, nunca paró de sonreír.

(¿De qué se ríen los políticos perdedores?).
Yeidckol Polevnski, ex dirigente nacional de Morena, la vio llegar y no ocultó su irritación.

No era para menos.

Y es que durante la campaña interna para elegir a la nueva dirigencia, Claudia Rivera desvió recursos para apoyar abiertamente a Bertha Luján y a Citlali Hernández.

Yeidckol lo supo en su momento y criticó las malas formas.

Hoy que la volvió a tener enfrente, no entendió, faltaba menos, la razón de su presencia en ese lugar.

Ya en el presidium, durante la entrega de las llaves de la ciudad a 25 distinguidos ciudadanos, Yeidckol dejó el lugar que le habían asignado junto a la presidenta municipal de Puebla y buscó uno más lejano.

Lo suficientemente lejano como para no tener que cruzar palabra con ella.

Mientras tanto, Claudia Rivera no dejaba de sonreír.

¿Qué gurú le recomendó que sonriera todo el tiempo?

De pronto, la maestra de ceremonia anunció que haría uso de la palabra quien no ha dejado de tratar de vulnerar al gobernador de Puebla.

(Lleva dos años metida en ese afán).

Los minutos que duró la arenga, Claudia cambió la sonrisa por un gesto de furia y enojo.

Y cómo no si su discurso la tuvo como protagonista principal.

Gritó —no dijo, no pronunció— que llevaba tiempo sufriendo violencia política de género y que lo que a ella le estaba pasando no tendría que padecerlo ninguna otra mujer.

(Cómo olvidar que en su momento denunció al gobernador de esas prácticas y que los magistrados desecharon su recurso por ser francamente improcedente).

Tras terminar su paso por el micrófono, volvió a su eterna sonrisa, tomó sus cosas y se regresó a Puebla.

Las dudas matan:

¿Qué brillante asesor le aconsejó a Gustavo Vargas Cabrera, presidente municipal de Huauchinango, que invitara a ese acto tan trascendental a dos probados enemigos del gobernador?

¿Quién le dijo que le diera a Claudia una recepción de esa naturaleza?

¿Qué mensaje quiso enviar teniendo en las fotos a David Méndez —defenestrado ex secretario de Gobernación— y a ella?

Pésimas señales para los tiempos que corren.

Dicen los clásicos de la política: los amigos de mis enemigos son también mis enemigos.

Ufff.



Murió Pepe Olvera. Lo conocí en los años setenta.

Hacía teatro con mi llorado primo Víctor Meyía.

Nos hicimos amigos.

En mi fugaz regreso a Huauchinango, retomamos la amistad.

José Antonio “Pepe” Olvera me abrió los micrófonos de la XENG y juntos hicimos decenas de programas.

Ya en la Casa de la Cultura, dirigió el grupo de Teatro e incorporó al equipo al brillantísimo actor y director Alejandro Calva.

El corazón de Pepe fue una casa abierta —casa con dos puertas— a la que entraba el que quería.

Muchos lo hicimos a lo largo de los años.

Fue un conversador de tiempo completo hasta que la enfermedad que lo llevó a la tumba así lo quiso.

Recuerdo nuestra última comida en el restaurante que mi querido Ernesto Renero tenía por Texcapa.

Fue una jornada larga tejida de recuerdos y cariños.

No lo volví a ver.

Siempre vivirá en mi recuerdo.

Descanse en paz mi entrañable José Antonio Olvera.



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/CR

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