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Hannia, dos historias para un mismo sueño

Hannia, dos historias para un mismo sueño

Puebla viernes 26 de febrero de 2021 - 00:07

La pequeña de cinco años de edad y enferma terminal de cáncer cumplió su deseo, junto a sus padres, de volar por el cielo a bordo del helicóptero del gobierno del estado.

Por Ignacio Juárez Galindo

Cuando somos niños, es inevitable que nuestros sueños sean convertirnos en bombero, médico que cura a la gente, veterinario que cuida a los animales o policía que cuida a la gente.

Hay otros niños que lo que más desean es poder volar.

Hannia, por ejemplo, tenía el sueño de desplegar sus alas y tocar las nubes.

Desde hace un par de años, Hannia había tenido que dejar a un lado su sueño para enfrentar, sin entender por qué, una lucha contra el cáncer.

Su vida pasó del deseo de volar a los ingresos permanentes a hospitales, al desfile de decenas doctores y enfermeras, a perder el pelo y a sentir tristeza por ella y sus padres.

Lo peor es que a esa edad se sabe, pero no se entiende por qué pasan las cosas.

Se sabe que algo pasa porque el dolor es real.

Como son igual de reales las lágrimas en los ojos de sus padres.

Hannia viene de una familia pobre que apenas si tiene para vivir.

Su único recurso para que la pequeña viva ha sido recurrir al gobierno para que los apoye.

Hannia es originaria de Cuapiaxtla de Madero.

La directora del DIF municipal, Leonor Vargas, también.

Leonor tuvo conocimiento del caso de Hannia cuando era atendida en el organismo.

Ahí, además, se enteró que la pequeña tenía el sueño de poder volar y tocar las nubes.

Y Leonor llevó el sueño a Rosario Orozco Caballero, presidenta del DIF estatal.

Y doña Rosario se la llevó a su esposo.

Confidente, amiga y compañera de Miguel Barbosa, doña Charito le platicó al marido, no al político, la historia.

Y la historia lo conmovió.

La respuesta inmediata fue hacer todo lo posible para cumplir ese sueño.

Así fue como Hannia ayer se subió al helicóptero propiedad del gobierno del estado para hacer realidad su sueño de tocar las nubes.

Este tipo de casos no son extraños en alguien como Miguel Barbosa.

De su propia voz escuchamos la vez que quedó flechado de una niña de seis años que estaba bajo resguardo del DIF.

La conoció en un espectáculo que organizó esa institución.

La niña le robó el corazón al instante.

Hombre de decisiones firmes —por algo está donde está y ha hecho lo que ha hecho—, anunció a doña Charito su deseo por adoptar la pequeña.

La respuesta que recibió de su amiga y compañera lo paró en seco.

Palabras más, palabras menos, le dijo que ya era un hombre grande para atender a la pequeña y a la demanda, en todos los sentidos, que eso implica.

Miguel Barbosa se quedó con el corazón herido, pero con consciente de la realidad.

Pero eso no le impidió dejar sus sueños.

Antes fue la pequeña del DIF a quien quería complacer y hacer feliz.

Ayer fue Hannia.

La vida a veces enlaza a dos almas a través de un sueño.

Sin importar que una tenga cinco años y la otra más de sesenta.

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HG/CR

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