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El presidente y el sueño de Bolívar

El presidente y el sueño de Bolívar

Columnas martes 27 de julio de 2021 - 04:14

“Mantengamos vivo el sueño de Bolívar”, dijo el presidente. 

Andrés Manuel López Obrador quiere los reflectores internacionales. 

La tentación de los presidentes mexicanos por incidir en la agenda global siempre ha estado ahí. Aparece y reaparece en cada gobierno.

Es como el dinosaurio del cuento de Augusto Monterroso.

Cada presidente le da sus matices. 

El sábado, Andrés Manuel López Obrador rindió homenaje en el Castillo de Chapultepec a Simón Bolívar. 

La ceremonia convocó a la escritora Isabel Allende cuya “Casa de los Espíritus” posee un tufo de realismo maravilloso noventero.

La cantante mexicana-norteamericana, Lila Downs, cantó una rola de Calle 13: Latinoamérica.

La rola de René Pérez Joglar, Residente, es un himno nerudiano (¿whitmaniano?) con resonancias de resistencia. Lila Downs ha cantado en varias ocasiones con René mientras éste lanza mensajes políticos en sus conciertos.  

Cuando López Obrador improvisa es bastante predecible. Si Obrador confía en sus dotes retóricas se limita la visión clara, detallada y argumentada de sus ideas o proyectos. 

El sábado, el presidente López Obrador se apegó al discurso. No improvisó ni quiso ser él mismo. Las ideas prevalecieron sobre la catarata verbal.

López Obrador lanzó varios dardos para colocar a México en el mapa latinoamericano. Ese que Google maps se conoce al dedillo.

Por ejemplo, propuso remplazar la Organización de Estados Americanos (OEA) por otra instancia de cooperación multinacional que se inspire en la Comunidad Económica Europea. 

Reforzó la política de no intervención y pidió el fin de bloqueo norteamericano hacia Cuba, espejismo de la guerra fría del siglo pasado.  

(Aunque, el presidente dejó de lado cualquier comentario sobre la falta de libertades de expresión, de asociación política y democráticas en la isla, como lo han hecho desde los setentas los mandatarios mexicanos emanados del viejo PRI.) Este lunes, anunció que enviaría provisiones y medicinas a la isla. Insistió en el fin del bloqueo.  

Con cierto desparpajo, López Obrador regresó (por lo menos de manera discursiva) a la línea de la soberanía: “Es ya inaceptable la política de los últimos dos siglos, caracterizada por invasiones para poner o quitar gobernantes al antojo de la superpotencia; digamos adiós a las imposiciones, las injerencias, las sanciones, las exclusiones y los bloqueos”.

Nótese que Obrador dijo (o leyó) “superpotencia” en singular. Clara alusión a la intervención de los Estados Unidos en América Latina y en el Caribe.

Quizás la parte central de su discurso fue reconstruir la relación con los Estados Unidos en términos de igualdad.
Con la visión de que Estados Unidos viene perdiendo hegemonía económica frente a China. 

Otro punto relevante del discurso de López Obrador fue el reconocimiento de que la integración económica con los Estados Unidos requiere abordar temas migratorios y laborales, algo que por supuesto, los gobiernos estadounidenses mantienen en la congeladora. 

De aquí saltan algunas preguntas:

¿De verdad, Andrés Manuel López Obrador buscará encabezar un bloque latinoamericanista en donde los Estados Unidos no tengan injerencia? 

¿O simplemente, como ha sucedido en la práctica, México será otro intermediario más de la política exterior de los Estados Unidos en la región?  

¿Fue un anuncio discursivo o tomará en serio el bolivarismo como sueño de la cooperación latinoamericana entre pares? 

¿Quiénes formarían parte de este nuevo bloque? ¿Argentina, Bolivia, México y ahora Perú? ¿México, Nicaragua, Perú y Cuba?  

Lo cierto es que el mapa global ha cambiado. La relación multilateral con los países latinoamericanos también y la interdependencia económica entre México y los Estados Unidos convierte esta relación en un tema central para México y para el gobierno mexicano.

Los gobiernos de México y Argentina buscan crear un nuevo equilibrio continental, y han mostrado su afinidad en varios temas, como la defensa del exmandatario Evo Morales. 

Si la Cuarta Transformación quiere desplegar su ideología en todo el continente, primero requiere dar resultados en el país, producir riqueza y eliminar la desigualdad (y si es mucho pedir, por lo menos dar pasos claves para su eliminación), redistribuyendo la riqueza. 

Y aunque no lo diga Andrés Manuel, la dependencia económica con Estados Unidos y la apertura comercial han jalado la economía mexicana.  

Los resultados prometidos en bienestar, la consigna de primero los pobres, eliminar la corrupción y transitar a un modelo de convivencia democrático y pacífico deben cumplirse. 

Juárez y Bolívar, Morelos y Bolívar, deben ser más que las citas obligadas, de los discursos patrios o de la retórica latinoamericanista. 

No importa ya, si Roger Waters, Eugenia León, Lila Downs, León Gieco, o Residente, hacen un crossover para homenajear al prócer Bolívar.  

Muchas veces, casi siempre, con la ideología no basta. Aunque sin ideología no se reproduce el poder ni se vuelve deseo permanente. 

 


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HG/CR

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