Por Guadalupe Romero
México se prepara estructuralmente para “parones (sin actividad laboral) económicos, sean endógenos o no, artificiales o no, como sea, la fórmula es revertir la informalidad”.
“Y no es un modelo de fe, es elevar las tasas de formalidad, más allá de la coyuntura y del tiempo que nos vamos a tardar en recuperarnos, pues es más fácil destruir un empleo que crearlo”, aseguró el titular de la Unidad de Trabajo Digno de la STPS, Alejandro Salafranca Vázquez.
El funcionario malagueño explicó que el Gobierno busca métodos como el seguro de desempleo pero la informalidad lo impide. En países donde el empleo es en su mayoría formal se puede aplicar el seguro de desempleo, hay caso donde incluso abarca un año o más, “donde el empleado está tranquilo en su casa y con el estómago lleno”.
En México, la crisis por la pandemia Covid-19 provocó un “parón en seco, donde solo el que puede aguantar lo hace, por lo que la recuperación debe ser tan fuerte como éste”, afirmó Salafranca.
Debemos tener un seguro de desempleo “pero no local o coyuntural, sino global y nacional que te pueda dar un porcentaje grande del salario en activo durante seis meses o un año, según la red de protección y la fortaleza del sistema”.
“En México se está construyendo, con programas como Jóvenes Construyendo el Futuro, que son enormes para la capacitación del trabajo y que evitan el ‘efecto cicatriz’, para que se tenga un primer contacto con el trabajo desde la formalidad con seguro medico, seguridad y vean el lado más positivo a su ciudad, a su sociedad, a su país y su Gobierno”, señaló el funcionario
David Kaplan, representante del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para mercados laborales y seguridad social, señaló que el impacto en el empleo que puede ocasionar la pandemia Covid-19 puede prolongarse por años y provocar que se incremente la informalidad.
Después de la crisis en México en 2009, “la tasa de desempleo no volvió a su nivel hasta 2017. Además del problema inmediato, que todo parece indicar que es severo, mi preocupación es que sea algo que se vea reflejado en el mercado laboral por muchos años”, dijo.
“Hay muchos estudios que encuentran que para un joven que entra al mercado laboral en un mal momento, su experiencia en los primeros años es difícil. Lo llaman el efecto cicatriz: un mal comienzo en el mercado laboral puede tener efectos de décadas”, detalló Kaplan.
En una conferencia virtual, organizada por la Asociación Mexicana de Afores (Amafore), el especialista recordó que la cifra de desempleo más alta para un mes de abril en México se había registrado en 1995, con la pérdida de 185 mil plazas laborales.
Solo entre el 18 de marzo al 6 de abril pasado ya se perdieron 346 mil empleos; al cierre de 2019 la pérdida se registró en 380 mil. Preocupa, agrega Kaplan, que la pérdida de empleos debido a la crisis provocada por la pandemia sea peor que otras y que el impacto en el mercado laboral persista por muchos años.
El riesgo que existe es que haya una generación de jóvenes que tengan una cicatriz que les dure toda su trayectoria laboral.
“Todos estamos en territorio desconocido. Sin embargo, las cifras de Estados Unidos de las solicitudes por desempleo son cifras sin precedentes y eso incluye la Gran Depresión, la crisis de 2009”, externó el especialista del BID.
Más de 30 millones de estadunidenses han presentado solicitudes para los beneficios del seguro de desempleo desde que inició el cierre de negocios para frenar el contagio del covid-19, hace seis semanas.
Kaplan recordó que en 2010 luego de la crisis económica, la Secretaría del Trabajo puso en marcha líneas para apoyar a los trabajadores y a los patrones con proyectos para poder ayudar con cursos o acuerdos, mismos que ayudaron a las empresas a recuperarse después de la crisis.
“El aguante dependerá de la fuerza financiera de cada empresa como un esfuerzo solidario, es necesario llegar a acuerdos con los trabajadores, sindicatos y las organizaciones pese a que no haya instancias para registrar el acuerdo”, respondió Salafranca.
De acuerdo al informe de la OIT sobre las tendencias de empleo juvenil del 2020, las personas menores de 25 años tienen posibilidad de ser despedidos tres veces mayor al resto.
“En países de ingreso bajo o mediano como México, los jóvenes trabajan fuera del registro fiscal y por lo tanto sin prestaciones sanitarias. Al recurrir al trabajos de campo, en pequeñas cafeterías o restaurantes, este sector no cuenta con un fondo de ahorro, por lo que el aislamiento les implica la suspensión total de sus ingresos”, publica la Organización Internacional del Trabajo.
Según la OIT, en el 2018 uno de cada tres jóvenes trabajaba en los sectores de comercio, hotelería y restauración (como asistentes en tiendas, cocineros, camareros, etc.). Particularmente, las mujeres jóvenes representaron el 57 por ciento del personal empleado en servicios de restauración y hotelería, los sectores más golpeados por esta crisis.