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El Ogro digital

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Columnas lunes 19 de julio de 2021 - 21:59

El escándalo desatado por las revelaciones de una alianza global sobre espionaje digital en México por parte del gobierno de Enrique Peña Nieto ha demostrado la eficiencia de un gobierno que buscaba lograr la “gobernabilidad” a toda costa.

El software Pegasus demostró su capacidad para darle seguimiento a las comunicaciones de periodistas, activistas y políticos de la oposición durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Aunque la justificación para usar este software era realizar operativos de inteligencia y de seguridad, en la realidad Pegasus fue una herramienta de espionaje político.

Sólo bastaba contar con el teléfono celular o el correo electrónico de la persona a espiar y enviarle un mensaje atractivo o de alarma para que le diera click a una liga para instalar el software de espionaje en el dispositivo.

Periodistas, activistas y opositores en todo el país recibieron este tipo de mensajes durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, revela el Proyecto Pegasus, un ensamblaje periodístico internacional donde participa Amnistía Internacional, Forbidden Stories y OCCRP, así como socios periodísticos de todo el mundo.

México se convirtió en el principal cliente de Pegasus. De los 50 mil registros de intervenciones telefónicas de Pegasus en todo el mundo, 15 mil intervenciones se realizaron en México.

El número de intervenciones parece brutal. Y lo es.

Además, diversos gobiernos estatales repitieron el esquema.

A pesar del cambio de régimen, y con la llegada de la Cuarta Transformación nunca hubo una investigación sobre el uso del aparato de espionaje político durante los gobiernos del Partido Acción Nacional en estados como Puebla u otros del país.

El gobierno de Rafael Moreno Valle utilizó los servicios de espionaje de la empresa italiana Hacking Team.

En el 2015, hackers de Wikileaks liberaron los archivos de la firma Hacking Team donde se encontró información sobre los pagos que distintos gobiernos estatales de México hicieron para espiar a sus opositores.

De acuerdo a Wikileaks, entre los gobiernos que pagaron los servicios de espionaje a Hacking Team se encuentran; el gobierno del estado de México destinó, 783,000 euros, el gobierno del estado de Querétaro 317,748 euros.

El gobierno de Puebla (2010-2016) pagó 429 mil 359 euros por servicios de espionaje, publicó Intolerancia Diario el 10 de julio del 2015 bajo el título “Sofisticado software de vigilancia ocupó el gobierno de Puebla”.

Espiar a periodistas y a opositores políticos obedeció a una lógica de control político.

En la hermosa película la Vida de los otros, se menciona la siguiente frase: “En un sistema de poder no hay nada privado”.

Desde la visión autoritaria del poder hay que controlarlo todo. No hay que dejar nada a la imaginación, y no hay nada privado.

Pero vayamos al pasado.

El nacionalismo revolucionario era hermético y lo controlaba todo.

El PRI de Peña Nieto perfeccionó tecnológicamente lo que el viejo PRI del general Rodolfo Sánchez Taboada construyó en el pasado.

Ese PRI en el que el joven Echeverría Álvarez era secretario de prensa y propaganda hacia 1949.

En el libro La Conspiración del 68: los intelectuales y el poder; así se fraguó la matanza de Jacinto Rodríguez Munguía, aparece una declaración del gurú tricolor, Isidro Fabela refiriéndose al entonces joven, Luis Echeverría Álvarez: “Luis continuará su carrera brillante y llegará muy lejos.”

Rodríguez Munguía describe a Echeverría como alguien disciplinado, tenaz y que nunca salía de su oficina: “Su contacto por el mundo era por teléfono y su percepción provenía de los informes de los servicios de inteligencia”.

Este rasgo de perseverancia y disciplina, o mejor aún, esta actitud, seguramente el poder obsesivo linda con la paranoia.

Los políticos desconfían hasta de sus sombras. Y se miran en el espejo de quienes pueden o van a traicionarlos.
Luis Echeverría no contó con el software Pegasus, pero sí le heredó a la clase política mexicana (whatever it means!) esa obsesión por conocerlo todo y volver lugar común una descripción ocasional: “El presidente lo sabe todo”.

El México de principios de los años setenta no es el México de los últimos años.

Sin embargo, las tentaciones de saberlo todo, de estar informado y de actuar persisten. En los tiempos actuales prevalece la lógica del algoritmo y quienes controlen los sistemas operativos de los dispositivos y computadoras podrán conocerlo todo.

Hoy el capitalismo de vigilancia aliado a los intereses de los gobiernos supera el sueño del partido de Estado, y se desdobla en fragmentos, seguramente en intervenciones quirúrgicas para saberlo todo.





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/CR

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